El error de una guardia cruel desenterró el secreto que me devolvió la libertad
Anteriormente: Sara solo quería felicitar a su madre por su cumpleaños, pero la crueldad de una guardia desató una pelea que cambió su destino para siempre dentro de prisión.
La trampa de la celda tres
La tensión en el pasillo se elevó a niveles insoportables. Begoña se levantó del suelo con dificultad, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios. Sus ojos reflejaban una furia homicida. En lugar de activar la alarma general, lo que habría atraído a todo el cuerpo de seguridad, la guardia sonrió con una malicia retorcida. Sabía que un informe de agresión física podía ser cuestionado por las cámaras, pero una acusación de contrabando grave la destruiría para siempre.
«Camina, escoria», siseó Begoña, empujando a Sara hacia el módulo de celdas. Al llegar a la celda tres, el subdirector del penal ya esperaba allí, alertado por un aviso anónimo previo que la propia Begoña había planeado con antelación para asegurar su trampa. La guardia señaló directamente la litera de Sara con un dedo acusador.

«Señor, esta reclusa me ha agredido cuando intentaba realizar una requisa de rutina. Tengo razones para creer que oculta sustancias prohibidas bajo su colchón», declaró Begoña con una falsa indignación profesional.
El subdirector, un hombre severo pero conocido por su estricto apego a las normas, ordenó a uno de los oficiales registrar la litera. Con una navaja táctica, el oficial rasgó el forro del colchón. Tras unos segundos de tensa búsqueda, su mano tropezó con algo sólido. Extrajo un paquete pesado envuelto en plástico negro.
Begoña esbozó una sonrisa triunfal, relamiéndose ante la inminente caída de su enemiga. Sin embargo, cuando el subdirector rasgó el plástico para exponer el contenido, la sonrisa de la guardia se congeló. No había sustancias ilícitas dentro de aquel envoltorio. Lo que apareció ante los ojos de todos fue un libro de contabilidad manuscrito y varios fajos de billetes numerados con el sello oficial de la administración de la prisión.
El rostro del subdirector se tornó extremadamente serio al abrir el cuaderno y leer las primeras páginas.
«Begoña», dijo con una voz que heló la habitación, «¿puedes explicarme por qué tu nombre encabeza esta lista de sobornos y desvío de fondos del penal?».
”«Begoña», dijo con una voz que heló la habitación, «¿puedes explicarme por qué tu nombre encabeza esta lista de sobornos y desvío de fond…