El secreto del toro negro que desenmascaró al terrateniente más poderoso
Anteriormente: Cuando Iván, un joven de dieciséis años, salta a la arena para enfrentarse a un toro asesino, un silbido del pasado revela una verdad oculta que destruirá al hombre más poderoso del pueblo.
El silbido del pasado
La plaza entera quedó sumida en un silencio sepulcral, roto únicamente por los resoplidos de la bestia. Iván dio un paso al frente, con las manos vacías, sin capote ni muleta que le sirviera de escudo. El enorme toro negro agachó la cabeza, rasgando el suelo con su pezuña derecha y levantando una densa nube de polvo dorado. Marcos, recuperando la compostura a través de su megáfono, murmuró con una mezcla de horror y fascinación morbosa:
Se está preparando. Se está preparando...
Justo cuando el animal inició su veloz carrera para embestir, Iván se llevó dos dedos a los labios y emitió un silbido melodioso y profundo. No era un sonido cualquiera; era el silbido exacto que su difunto padre utilizaba en el rancho familiar para guiar a los terneros. Al escuchar aquella nota familiar, el imponente Azabache clavó sus pezuñas en la arena, frenando en seco a escasos metros del muchacho. El animal ladeó la cabeza, mirándolo con una confusión casi humana. La furia pareció evaporarse de sus ojos oscuros.

Al ver esto, el rostro de Marcos se desfiguró de pánico. Sabía perfectamente que si el chico domaba al toro públicamente, todos comprenderían que el animal reconocía a su legítimo dueño, exponiendo la falsedad del supuesto contrato de venta con el que Marcos les había robado el rancho. Desesperado por evitar la revelación, Marcos hizo una señal oculta a uno de sus guardias en los callejones.
Un dardo con una potente sustancia estimulante impactó en el lomo de Azabache. El dolor y el químico alteraron de inmediato al animal, cuyos ojos se inyectaron en sangre mientras lanzaba un mugido desgarrador de pura demencia. El toro, completamente fuera de sí, se giró nuevamente hacia Iván, listo para destrozarlo sin piedad.
”El toro, completamente fuera de sí, se giró nuevamente hacia Iván, listo para destrozarlo sin piedad.