Traición · Historia

El secreto del vestido blanco: la traición que ensangrentó mi boda

El secreto del vestido blanco: la traición que ensangrentó mi boda — Parte 2
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Anteriormente: Valeria descubrió el oscuro secreto de su prometido justo antes de dar el sí. Lo que no esperaba era que el banquete se convirtiera en una trampa mortal.

La máscara de la traición se cae

El líder de los atacantes retrocedió tambaleándose, con el rostro ensangrentado bajo los restos de su visor destrozado. Los demás asaltantes, desconcertados por la feroz resistencia de la novia, dudaron por un segundo, lo que permitió a varios de los invitados más valientes comenzar a defenderse. Las damas de honor de Valeria vitorearon con entusiasmo, infundiendo un destello de esperanza en el caótico salón. Sin embargo, la victoria de Valeria fue efímera. Mientras recuperaba el aliento, con los nudillos doloridos y el vestido manchado de hollín, escuchó un aplauso lento y burlón a sus espaldas que heló la sangre en sus venas.

Al darse la vuelta, vio a Mateo levantándose del suelo con una parsimonia insultante. No tenía un solo rasguño, ni una mancha de polvo en su esmoquin hecho a medida. Con una sonrisa fría que Valeria jamás le había visto, el hombre sacó una pistola semiautomática con silenciador de su chaqueta y la apuntó directamente al pecho de su esposa. Los murmullos del salón se apagaron al instante; el silencio que siguió fue sepulcral y aterrador.

El secreto del vestido blanco: la traición que ensangrentó mi boda
«Eres realmente extraordinaria, Valeria. Siempre supe que tenías fuego en la sangre, pero no pensé que destrozarías a mis hombres de esa manera», dijo Mateo con una voz carente de cualquier atisbo de humanidad. «Es una verdadera lástima que tu curiosidad te haya llevado a revisar mis cosas. Podríamos haber gobernado un imperio juntos, pero decidiste seguir el camino de la justicia de tu estúpido padre».

Las palabras de Mateo confirmaron la peor de las sospechas de Valeria. Su propio esposo no solo era un criminal despiadado, sino el asesino intelectual de su progenitor. Estaba acorralada, desarmada y rodeada por los guardias de Mateo, quienes ahora mostraban sus verdaderas intenciones al rodearla con armas de fuego. Valeria miró fijamente el cañón de la pistola, sintiendo cómo la profunda tristeza de la traición se transformaba en una rabia volcánica. El hombre que juró protegerla estaba a punto de apretar el gatillo para borrarla del mapa.

El hombre que juró protegerla estaba a punto de apretar el gatillo para borrarla del mapa.