Sobreviví al infierno de la prisión solo para descubrir quién me tendió la trampa
Anteriormente: Tras defenderse de una brutal agresión en el patio de la cárcel, Sara descubre que su encarcelamiento no fue un error, sino una conspiración fría tejida por la persona en quien más confiaba.
El precio de una traición
La victoria en el patio le otorgó a Sara un respeto inmediato, pero en una prisión de máxima seguridad, el respeto suele venir acompañado de nuevos y más peligrosos enemigos. Esa misma noche, aprovechando el cambio de guardia, Roxy se deslizó sigilosamente en la celda de Sara. No buscaba venganza por lo ocurrido con Valeria, sino proponer un pacto de supervivencia mutua.
Roxy le entregó a Sara un documento de contabilidad interna que había sido interceptado por sus aliadas en las oficinas de la administración. Al analizar los números, Sara, gracias a su experiencia como auditora financiera, descubrió una verdad devastadora: el director de la prisión estaba recibiendo cuantiosos sobornos mensuales para asegurar que ella sufriera un «accidente fatal» antes de que pudiera presentarse su recurso de apelación.

«Alguien afuera tiene mucho miedo de que hables, rubia. Han puesto precio a tu cabeza y el director ya ha aceptado el trato», le advirtió Roxy con seriedad.
Al rastrear el origen de las cuentas fantasma que realizaban los depósitos, Sara feltó un frío insoportable en el pecho. Las transferencias provenían directamente de las cuentas de su propia hermana, Elena, y de su exesposo, Manuel. Ellos la habían incriminado en el fraude fiscal para apoderarse de su empresa de moda y de la herencia familiar, y ahora querían silenciarla para siempre. La traición familiar dolió más que cualquier golpe físico, pero también encendió en Sara una furia fría y calculadora. Con la ayuda de Roxy, comenzó a diseñar un plan para desenmascarar la red de corrupción, pero el tiempo jugaba en su contra. Dos días después, mientras limpiaba las duchas comunes a última hora, las luces se apagaron repentinamente y un guardia corrupto la acorraló con un arma blanca en la mano.
”Dos días después, mientras limpiaba las duchas comunes a última hora, las luces se apagaron repentinamente y un guardia corrupto la acorr…