Sobrevivió al infierno de la prisión para cobrarse la traición de quienes la encerraron
Anteriormente: Diana pensó que su vida había terminado tras ser traicionada por su esposo y enviada a prisión. Sin embargo, una brutal pelea en el patio desatará una serie de revelaciones que cambiarán su destino para siempre.
El precio de la resistencia
El contraataque de Diana no quedó impune en un sistema diseñado para aplastar a los débiles. Pocos minutos después del altercado en el patio, la oficial Teresa, con el rostro desencajado por la furia de ver su autoridad desafiada, ordenó el traslado inmediato de Diana a las celdas de aislamiento. Aquel sótano húmedo y oscuro era el rincón más temido de la prisión, un lugar donde el tiempo parecía detenerse y las paredes devoraban la cordura de cualquiera.
Teresa la arrojó al interior de la celda con violencia, cerrando la pesada puerta de hierro con un estruendo metálico que resonó en el alma de Diana. Sin embargo, la reclusa no lloró. Sabía que cada golpe y cada injusticia formaban parte de un plan mucho más grande. Desde hacía semanas, Diana sospechaba que Ingrid y Teresa no actuaban por simple capricho, sino bajo las órdenes de Sergio, su exesposo, quien la había incriminado en un fraude millonario para quedarse con toda su fortuna y ahora buscaba silenciarla para siempre.

Lo que Teresa ignoraba era que Diana había tejido su propia red de seguridad. Durante su última revisión en la enfermería, Lucía, una joven enfermera del centro que conocía los abusos de la guardia, le había proporcionado un pequeño dispositivo de grabación oculto. Durante la confrontación en el patio y el posterior traslado al aislamiento, el micrófono había registrado cada palabra, cada risa de Teresa y, lo más importante, las amenazas explícitas que demostraban la complicidad de la oficial con Sergio.
Al tercer día de encierro, la puerta de la celda de aislamiento se abrió de golpe. Pero no era Teresa dispuesta a atormentarla de nuevo. Era el director de la prisión, acompañado por dos inspectores de la policía nacional y la propia Lucía, quien sostenía la prueba definitiva que cambiaría las reglas del juego para siempre.
”Era el director de la prisión, acompañado por dos inspectores de la policía nacional y la propia Lucía, quien sostenía la prueba definiti…