Sobrevivir tras las rejas me enseñó a luchar contra quienes destruyeron mi vida entera
Anteriormente: Jésica pensó que lo había perdido todo al ser traicionada y enviada a prisión. Sin embargo, en el rincón más oscuro del patio, descubrió la fuerza para reclamar su destino.
La emboscada de la medianoche
La victoria en el patio había sido tan dulce como peligrosa. Jésica sabía que humillar a la líder informal de la prisión traería consecuencias inmediatas. Al caer la noche, el silencio en la galería de celdas se volvió denso, casi asfixiante. Jésica permanecía despierta en su litera, con los ojos fijos en la reja, esperando el inevitable contraataque. Su intuición no falló: a altas horas de la madrugada, un leve chasquido metálico anunció que la cerradura de su celda había sido saboteada desde el exterior.
Tres siluetas se deslizaron en la penumbra. Olga lideraba el grupo, flanqueada por la pelirroja y una reclusa de confianza. En sus manos sostenían objetos punzantes de fabricación casera. Jésica se incorporó despacio, manteniendo la calma.
¿De verdad necesitas ayuda para enfrentarte a mí, Olga?susurró Jésica, intentando ganar tiempo y analizar sus opciones de escape en un espacio tan reducido.

Olga sonrió con frialdad en la oscuridad.
Esto no es un asunto personal del patio, Jésica. Es de negocios. Tu querido Carlos pagó una buena suma para asegurarse de que nunca llegues a la vista de apelación del próximo mes. Quiere que salgas de aquí en una cajareveló Olga, cometiendo el error de subestimar a su oponente al revelar su motivación. La mención de Carlos, el hombre que la había traicionado y enviado a prisión para salvarse a sí mismo, encendió una chispa de furia renovada en el pecho de Jésica.
Antes de que las tres agresoras pudieran abalanzarse sobre ella, la luz del pasillo se encendió de golpe, revelando la figura del sargento Martín, uno de los guardias más estrictos del penal. Sin embargo, en lugar de intervenir para detener la agresión, Martín miró a Jésica con una sonrisa cómplice y cerró la puerta de la celda tras de sí, confirmando que la conspiración para silenciarla llegaba mucho más alto de lo que jamás había imaginado.
”Sin embargo, en lugar de intervenir para detener la agresión, Martín miró a Jésica con una sonrisa cómplice y cerró la puerta de la celda…