Un soldado regresa a tiempo para salvar a su hermana de un monstruo influyente
Anteriormente: Elena, una dedicada enfermera, es atacada en el hospital por su poderoso exesposo. Justo cuando todo parece perdido, su hermano, un soldado recién llegado, interviene con su leal perro.
Una amenaza desesperada
Carlos yacía en el suelo, limpiándose la sangre que brotaba de su nariz rota. A pesar de la humillación física y de tener a un perro de combate militar a escasos centímetros de su cuello, su mirada seguía destilando una arrogancia ciega. Se levantó lentamente, apoyándose en la pared del pasillo, y miró a Mateo con un desprecio absoluto.
—¿Crees que ese uniforme te hace invencible, soldado de pacotilla? —escupió Carlos, intentando recuperar la compostura—. Conozco perfectamente al comisario general de esta ciudad. Mañana mismo estarás en una celda militar por agresión física e intento de homicidio.
Elena, aún tosiendo y frotándose el pecho dolorido, se apoyó en el brazo de su hermano. Sabía que las amenazas de Carlos no eran vacías; el cirujano poseía una red de contactos corruptos que lo hacían prácticamente intocable ante la ley local. Pero lo peor estaba por venir.

—Y tú, Elena... —continuó Carlos con una sonrisa maliciosa que heló la sangre de la enfermera—. Cometiste el peor error de tu vida al traicionarme. Mientras tú jugabas a la heroína, mis hombres ya han ido a buscar a nuestra hija Sofía al colegio. Ella ya está en un lugar seguro del que nunca podrás sacarla, a menos que me entregues todas las copias de esos documentos ahora mismo.
El pánico volvió a invadir a Elena, anulando por completo el dolor físico de sus heridas. Su pequeña hija Sofía estaba en peligro, en manos de los secuaces de un hombre que había demostrado no tener escrúpulos. Mateo permaneció en silencio, con la mandíbula apretada y la mirada fija en su oponente, calculando fríamente su próximo movimiento mientras el cirujano sacaba su teléfono móvil para realizar la llamada que cambiaría sus vidas para siempre.
”Mateo permaneció en silencio, con la mandíbula apretada y la mirada fija en su oponente, calculando fríamente su próximo movimiento mient…