Su Desprecio Arruinó Su Vida, Pero El Destino Le Devolvió Todo con Intereses
El Andén Helado
La medianoche envolvía el andén del metro en un silencio sepulcral, solo roto por el siseo intermitente de las luminarias de sodio que parpadeaban sobre el concreto húmedo. Las sombras danzaban, profundas y amenazantes, mientras el vaho helado se condensaba en las columnas manchadas de hollín. En medio de ese desolado escenario, Elena, una joven de 24 años envuelta en un abrigo blanco de diseñador, sostenía su teléfono en un estabilizador, buscando la toma perfecta. Su cabello rubio platino y sus gafas de espejo reflejaban la cruda luz, mientras sus botas de aguja marcaban el ritmo de su impaciencia.
A sus pies, Julian, un violinista ciego de 28 años, tiritaba sobre un cartón. Su gabardina raída parecía una segunda piel desgastada por el frío y la indiferencia de la ciudad. Con los dedos entumecidos y la mirada perdida en la ceguera perpetua de sus iris lechosos, luchaba por extraer melodías del aire gélido. Su estuche de violín, maltratado y abierto, mostraba las pocas monedas que la caridad le había otorgado.

”Su estuche de violín, maltratado y abierto, mostraba las pocas monedas que la caridad le había otorgado.