La traición la llevó tras las rejas, pero una aliada inesperada cambió su destino
El zumbido ensordecedor de las lavadoras industriales resonaba en las paredes de azulejos descascarillados de la lavandería del penal. Dolores respiraba el aire denso y húmedo, impregnado de un fuerte olor a lejía que le quemaba las fosas nasales. A sus cincuenta años, jamás habría imaginado que su vida se reduciría a cargar pesados fardos de sábanas ásperas bajo la parpadeante luz de unos fluorescentes que zumbaban como avispas.
De repente, un violento tirón en sus tobillos la arrojó al suelo de hormigón. El impacto le arrancó el aire de los pulmones. Al levantar la vista, mareada y dolorida, se topó con la silueta maciza de Tamara, la reclusa que se había convertido en su peor pesadilla desde el día de su ingreso. Con una sonrisa cargada de malicia, Tamara volcó una caja entera de detergente industrial sobre la cabeza de Dolores. El polvo blanco la cubrió por completo, cegándola y haciéndola toser con desesperación.

—A ver si así te limpias un poco, santurrona —se burló Tamara, mientras algunas reclusas apartaban la mirada, temerosas de intervenir—. Aquí abajo mandamos nosotras.
Un grito de "Ya basta" resonó en el fondo, pero nadie se movió. Fue entonces cuando la atmósfera de la lavandería cambió por completo. Unos pasos firmes y pausados marcaron un compás tenso sobre el suelo mojado. Celia, con su imponente presencia física y su cabello oscuro recogido en una coleta, avanzó decidida por el pasillo central.
Tamara se giró con prepotencia, lanzando un puñetazo directo al rostro de Celia. Sin embargo, la agilidad de Celia fue implacable. Bloqueó el impacto con el antebrazo izquierdo y, aprovechando la inercia de su oponente, le sujetó el brazo con una fuerza descomunal antes de propinarle un seco y contundente rodillazo en el abdomen. Tamara se dobló de dolor, jadeando en el suelo, mientras Celia la miraba con una frialdad que congelaba la sangre.
”Tamara se dobló de dolor, jadeando en el suelo, mientras Celia la miraba con una frialdad que congelaba la sangre.