Traición · Historia

Tuve que desafiar a la reclusa más peligrosa para salvar a una inocente

Tuve que desafiar a la reclusa más peligrosa para salvar a una inocente — Parte 2
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Anteriormente: En el implacable patio de la prisión, Sara decide arriesgarlo todo para proteger a una nueva reclusa, sin imaginar que la conspiración para destruirla involucra a su propia familia.

La verdad oculta tras los muros

El enfrentamiento en el patio no pasó a mayores en ese instante, pero la tensión quedó flotando en el aire como una densa niebla. Esa misma noche, el oficial Torres, uno de los guardias más corruptos del penal, sacó a Sara de su celda aprovechando la oscuridad del pasillo. Con un tono amenazante y sujetándola del brazo, le advirtió que no se metiera en los asuntos de Begoña si valoraba su vida. La advertencia no hizo más que encender las alarmas en la mente de Sara: había algo mucho más grande detrás de ese simple empujón.

Al día siguiente, Sara buscó a Claudia en la biblioteca del penal, el único rincón donde las cámaras aún ofrecían una relativa seguridad. Encontró a la joven temblando, con los ojos enrojecidos por el llanto y el pánico reflejado en el rostro. Sara la presionó para que le contara la verdad, y lo que escuchó le heló la sangre en las venas.

Tuve que desafiar a la reclusa más peligrosa para salvar a una inocente

Claudia confesó que estaba allí encerrada por un delito de fraude fiscal que jamás había cometido. Su exmarido, un influyente y corrupto juez de la capital, la había incriminado falsamente para arrebatarle la custodia de su hija y silenciar las pruebas que ella tenía de sus negocios ilícitos. Pero el golpe más devastador para Sara llegó cuando Claudia pronunció el nombre del abogado que la había traicionado deliberadamente durante el juicio, vendiendo su defensa al mejor postor.

Mi propio abogado defensor destruyó las pruebas de mi inocencia para complacer al juez. Se llama Alejandro.

Sara sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Alejandro era su hermano mayor, el brillante abogado que siempre había sido el orgullo de su familia y quien le había prometido sacarla de allí. Descubrir que su propia sangre era el monstruo que había condenado a esa mujer inocente la dejó completamente destruida. Ahora, Alejandro y el juez pagaban a Begoña para asegurarse de que Claudia no saliera viva de la prisión.

Ahora, Alejandro y el juez pagaban a Begoña para asegurarse de que Claudia no saliera viva de la prisión.