Nos detuvieron frente al Congreso para callarnos, pero la traición familiar quedó al descubierto
Anteriormente: Valeria y Manuel solo buscaban justicia frente a un edificio gubernamental en Madrid, pero una violenta intervención policial reveló que alguien muy poderoso quería enterrar su verdad para siempre.
La pesadilla no terminó con la caída en el asfalto. Ante la mirada atónita de los transeúntes, Valeria y Manuel fueron esposados y conducidos a la comisaría bajo cargos falsos de desacato y agresión a la autoridad. La mochila de Manuel, que contenía los documentos originales que demostraban cómo Roberto les había robado su empresa, fue confiscada por el mismo agente que los había agredido. Desde la ventana del coche patrulla, Valeria vio con horror cómo el policía entregaba discretamente la mochila al chófer de Roberto.
La frialdad del calabozo
Pasaron la noche en un calabozo frío y húmedo. El silencio solo se rompía por los sollozos de Valeria y las promesas mudas de Manuel, quien se culpaba a sí mismo por haber confiado en su propio hermano. La traición de Roberto era perfecta: los había dejado en la calle, les había robado su trabajo de años y ahora los enviaría a prisión utilizando a las fuerzas del orden.

Sin embargo, a la mañana siguiente, la pesada puerta de hierro de la celda se abrió con un chirrido. Un guardia les indicó que salieran. En la sala de visitas no los esperaba un abogado de oficio, sino una mujer de aspecto impecable y mirada decidida. Se presentó como Elena Varela, la asistente personal de Alejandro Valenzuela, el multimillonario inversor con el que Roberto pretendía firmar el contrato de su vida.
—El señor Valenzuela presenció todo lo que ocurrió ayer frente al Congreso —explicó Elena, bajando la voz—. Él sabe perfectamente quién es Roberto y lleva meses sospechando de sus actividades fraudulentas. Lo que os hicieron ayer fue la gota que colmó el vaso.
Valeria sintió un rayo de esperanza por primera vez en meses. Elena abrió su maletín de cuero y extrajo un documento que dejó a la pareja sin aliento. No todo estaba perdido; el juego de Roberto estaba a punto de complicarse de una manera que él jamás habría imaginado.
”No todo estaba perdido; el juego de Roberto estaba a punto de complicarse de una manera que él jamás habría imaginado.