Traicionada por su propia sangre, lucha por sobrevivir tras las rejas de la injusticia
Anteriormente: Sara pensó que la cárcel sería su fin tras ser traicionada. Pero cuando las reclusas intentan doblegarla, descubre que su fuerza interior es la única llave para demostrar su inocencia y cobrar venganza.
La sombra de la traición
La noche trajo consigo un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el goteo constante de una tubería rota en el pasillo de celdas. Sara esperaba ser castigada por la pelea del patio, pero la realidad resultó ser mucho más retorcida. Cerca de la medianoche, una funcionaria de prisiones a la que nunca había visto la hizo salir en silencio y la condujo a través de las sombras hasta una pequeña oficina médica auxiliar.
Allí la esperaba Carmen, una abogada de semblante serio que sostenía una carpeta de cuero desgastada. Sin preámbulos, Carmen extendió varios documentos oficiales sobre la mesa metálica, revelando la verdad detrás del infierno de Sara.

—Tu hermana Elena y tu exesposo no solo se quedaron con la distribuidora familiar —dijo la abogada con voz temblorosa—. Ellos falsificaron las firmas del fraude para incriminarte. Y ahora que estás aquí, han pagado una fortuna para asegurarse de que nunca salgas con vida.
La revelación golpeó a Sara con la fuerza de un mazo. Begoña no había actuado por un simple arranque de ira carcelaria; había sido contratada desde el exterior por su propia sangre para asesinarla. Peor aún, Carmen le advirtió que su inminente traslado a una prisión federal del sur era en realidad una trampa mortal: un accidente de tráfico provocado en una carretera secundaria donde nadie haría demasiadas preguntas.
A la mañana siguiente, impulsada por la desesperación y el instinto de supervivencia, Sara localizó a Begoña en el comedor. La imponente mujer aún se quejaba del golpe en el abdomen y la miró con furia asesina al verla acercarse. Sara se sentó frente a ella, clavándole una mirada cargada de determinación fría.
—Quienes te pagaron para matarme ya han ordenado mi traslado para esta tarde —susurró Sara, inclinándose sobre la mesa—. Y créeme, una vez que yo esté muerta, tú serás el cabo suelto que ellos necesitarán eliminar para no dejar rastros. Si quieres sobrevivir y cobrar tu dinero, tienes que ayudarme a salir de aquí hoy mismo.
”Si quieres sobrevivir y cobrar tu dinero, tienes que ayudarme a salir de aquí hoy mismo.