Un matón me humilló en el suelo y un misterioso motorista cambió mi destino
Anteriormente: Leo pensó que su día no podía empeorar tras ser agredido en el instituto, hasta que la llegada de un misterioso motorista desenterró un secreto familiar que cambiaría sus vidas.
Secretos desenterrados del pasado
Con las manos temblorosas, Leo se dispuso a recoger sus pertenencias del suelo húmedo, pero Martín se le adelantó. El rudo motorista se agachó para recoger el colgante de plata de la superficie mojada. Al sostener la joya entre sus dedos callosos, la expresión severa de Martín se transformó por completo en una mueca de asombro y profunda melancolía. Sus ojos recorrieron las iniciales grabadas en el reverso del colgante: E. M.
"¿De dónde ha salido esto, muchacho? ¿Quién te lo dio?", preguntó Martín, con una voz repentinamente quebrada por la emoción.
Leo lo miró con desconfianza, pero la honestidad en los ojos del motorista le hizo responder. "Era de mi madre, Elena. Ella falleció cuando yo era un bebé... o al menos eso me dijo mi abuela".

Martín se quedó petrificado en el sitio, como si el suelo bajo sus pies se hubiera agrietado. Estudió los rasgos faciales de Leo, reconociendo en el joven la viva imagen de la mujer que una vez amó y, sobre todo, descubriendo que compartían el mismo color de ojos verdes. "No puede ser... Leo, tu madre no murió en un accidente. La obligaron a desaparecer para protegerte de la gente que manejaba este pueblo, y a mí me obligaron a huir bajo amenaza de muerte", confesó Martín con amargura.
Antes de que Leo pudiera asimilar aquella revelación que ponía en duda toda su existencia, las sirenas de la policía local comenzaron a sonar a la entrada del instituto. Dos patrullas bloquearon la salida principal y de una de ellas descendió el inspector jefe de la policía local, un hombre corrupto y autoritario que también resultaba ser el padrastro de Sergio. Al ver a Martín, el rostro del oficial se desfiguró de rabia y pánico.
"Te advertimos que si volvías a pisar este lugar terminarías bajo tierra, Martín. Y veo que has venido directo a buscar al chico", sentenció el inspector jefe, desenfundando su arma reglamentaria y apuntándole directamente al pecho.
La tensión alcanzó su punto álgido. Martín colocó a Leo detrás de él, protegiéndolo con su propio cuerpo mientras el resto de los estudiantes observaban la escena desde las ventanas del instituto, aterrorizados por el inminente desenlace.
”Martín colocó a Leo detrás de él, protegiéndolo con su propio cuerpo mientras el resto de los estudiantes observaban la escena desde las…