Un motero rudo encuentra un medallón y reconoce al joven que acababan de echar
Anteriormente: Lyle vagaba hambriento por una carretera lluviosa cuando un guardia lo expulsó sin piedad. Pero un rudo motero vio caer su medallón, desatando un secreto del pasado.
Secretos revelados en la carretera
Justo permaneció inmóvil bajo la lluvia, contemplando la joya como si fuera un fantasma del pasado. Con mano firme pero delicada, ayudó a Lyle a levantarse y lo guio hacia el interior de la cafetería, ignorando la mirada desafiante del guardia Monty, quien prefirió no interponerse en el camino de aquel imponente motero. Pidió una ración doble de comida caliente para el muchacho y se sentó frente a él en silencio.
Mientras Lyle devoraba el plato con desesperación, Justo metió la mano en su chaqueta de cuero y extrajo un objeto idéntico: otro medallón de plata con el mismo relieve de un roble centenario. Al unirlos, las piezas encajaban a la perfección, formando un escudo familiar completo.

—Tu madre se llamaba Elena, ¿verdad? —preguntó Justo, con la voz quebrada por la emoción—. Ella y yo fuimos separados hace veinte años por las mentiras de nuestro propio padre. Nos hicieron creer que el otro había muerto para dividir la herencia familiar.
Lyle se quedó paralizado, con la cuchara a mitad de camino. Aquel hombre rudo e imponente era su tío, el hermano del que su madre siempre hablaba con melancolía antes de fallecer tres meses atrás debido a una enfermedad.
La conversación tomó un rumbo más oscuro cuando Lyle confesó cómo había terminado en la calle. Tras la muerte de Elena, su padrastro, un hombre codicioso y sin escrúpulos llamado Tomás, falsificó un testamento para quedarse con la casa familiar y expulsó a Lyle sin un céntimo en el bolsillo.
La rabia encendió los ojos de Justo. La injusticia cometida contra su hermana y su sobrino no quedaría impune. Se levantó de la mesa con una determinación de hierro.
—Ese miserable no se va a quedar con lo que le pertenece a mi familia. Súbete a la moto, Lyle. Es hora de hacer justicia —sentenció Justo.
”Es hora de hacer justicia —sentenció Justo.