Un padre del pasado regresa para salvar a su hija de una trampa mortal
Anteriormente: Cuando Claudia fue acorralada en las canchas de su barrio por un peligroso chantaje, jamás imaginó que su distanciado padre, un motero de pasado oscuro, aparecería para arriesgarlo todo por ella.
La caída de las máscaras
El silencio que siguió a las palabras de Jaime fue absoluto. Martín, sintiendo la imponente presencia del motero, comenzó a temblar, y su agarre sobre Claudia se aflojó lo suficiente como para que ella pudiera tomar una bocanada de aire. Jaime no hizo ningún movimiento violento; en su lugar, metió la mano con calma en el bolsillo interior de su chaleco de cuero y extrajo un pequeño dispositivo de grabación digital.
Leo soltó una carcajada nerviosa, intentando mantener su fachada de niño rico e intocable. Dio un paso atrás, buscando el apoyo visual de Martín, pero el joven encapuchado ya no lo miraba a él, sino al imponente hombre que avanzaba hacia ellos.

No sabes con quién te estás metiendo, viejo. Mi padre controla a la mitad de la policía de este distrito y puede hacer que pases el resto de tus días en un calabozo antes del amanecer.
Jaime esbozó una sonrisa gélida, la clase de sonrisa de quien ya ha visto todas las cartas del rival antes de empezar la partida. Con un dedo firme, pulsó el botón de reproducción del dispositivo. De los pequeños altavoces brotó una voz inconfundible: era la del propio padre de Leo, desesperado, admitiendo que los negocios familiares estaban en la quiebra y que su hijo estaba involucrado en una red de extorsión local.
El rostro de Leo se descoloró al instante, perdiendo toda su arrogancia. Jaime miró entonces directamente a Martín, hablándole con una firmeza paternal que el joven no esperaba.
Martín, sé lo de tu hermana y sé que este miserable te prometió pagar su tratamiento si le ayudabas a fingir este secuestro para sacarme el dinero de mi club. Pero te ha mentido. Su padre está arruinado y Leo solo te está usando como cabeza de turco.
Al escuchar aquellas palabras, el mundo de Martín se derrumbó. Sus manos comenzaron a temblar con tanta fuerza que el arma simulada cayó sobre el asfalto con un golpe sordo. Con lágrimas de pura impotencia en los ojos, el muchacho soltó por completo a Claudia y cayó de rodillas, cubriéndose el rostro con las manos.
”Con lágrimas de pura impotencia en los ojos, el muchacho soltó por completo a Claudia y cayó de rodillas, cubriéndose el rostro con las m…