Una niña desesperada me vendió un chaleco viejo desenterrando un secreto familiar
Anteriormente: Cuando una pequeña de ocho años apareció en mi taller de motos ofreciéndome el viejo chaleco de cuero de su padre inconsciente, nunca imaginé que esa prenda desenterraría el secreto más doloroso de mi pasado.
La cabaña en los barrancos
El nombre de Diego resonó en la mente de Martín como un trueno del pasado. Hace veinte años, Diego había asumido la culpa de un robo que no cometió para salvar a Martín de la cárcel, desapareciendo en la clandestinidad de la que nunca volvió a saberse. Sin perder un instante, Martín subió a Lucía a su camioneta y condujo a toda velocidad hacia las colinas áridas del desierto, guiado por las indicaciones de la pequeña.
Llegaron a una cabaña de piedra abandonada, casi invisible entre los barrancos. Al entrar, el olor a enfermedad y abandono confirmó los peores temores de Martín. En un rincón, sobre un jergón de paja, yacía Diego. Estaba extremadamente pálido, consumido por una fiebre alta y con una venda ensangrentada alrededor del abdomen. Había sido herido de bala.

Martín se arrodilló a su lado, tomándole la mano temblorosa. Diego abrió los ojos con dificultad, reconociendo a su viejo amigo a través de la bruma del dolor.
—Martín... sabía que vendrías —susurró Diego con un hilo de voz—. Héctor nos descubrió. Quiere el viejo botín de la banda... el que escondí para proteger el futuro de Lucía. No dejes que se la lleven.
Antes de que Martín pudiera responder, el silencio del desierto fue quebrado por el rugido ensordecedor de varios motores. Al mirar por la ventana rota, Martín vio tres camionetas negras y cinco motocicletas rodeando la cabaña. Era Héctor, el actual y despiadado líder de la banda que los había traicionado en el pasado, acompañado por sus hombres armados.
—¡Martín! ¡Sé que estás ahí dentro! —gritó la voz de Héctor desde el exterior—. Entrégame a Diego y el mapa del botín, y tal vez te dejemos salir con vida de esta cabaña.
Martín miró a su amigo moribundo y luego a la pequeña Lucía, que temblaba de miedo detrás de él. Sabía que no podían huir y que las balas de su revólver no serían suficientes contra todo un grupo armado. Debía idear un plan de inmediato si quería salvar sus vidas.
”Debía idear un plan de inmediato si quería salvar sus vidas.