Traición · Historia

Una policía arriesga su carrera para protegerme del monstruo que juró amarme

Una policía arriesga su carrera para protegerme del monstruo que juró amarme — Parte 2
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Anteriormente: Tras sobrevivir a un terrible ataque, Claudia pensó que el hospital de Madrid sería un refugio seguro. Sin embargo, su agresor burló la seguridad, obligando a una valiente capitana de policía a intervenir.

La trampa invisible

Cuando el eco de la pelea se desvaneció en el corredor, la capitana Sara regresó a la habitación. Su rostro, habitualmente sereno, estaba pálido y sus nudillos mostraban pequeñas heridas. Sin perder un instante, cerró la puerta de madera con el pestillo de seguridad y corrió las cortinas. El ambiente se volvió denso, cargado de una tensión casi eléctrica.

«Claudia, escúchame con mucha atención», susurró Sara, acercándose tanto que su aliento rozaba el oído de la joven. «Marcos no ha venido solo a por ti. Todo esto ha sido una maldita distracción.»

La capitana dirigió su mirada hacia el gotero que suministraba el suero al brazo de Claudia. Al examinar la bolsa de plástico transparente, notó una pequeña marca roja junto a la válvula de entrada. El ritmo de goteo era anormalmente rápido. Alguien con acceso al sistema informático del hospital había alterado las prescripciones médicas apenas unos minutos antes de que Marcos desatara el caos en el pasillo.

Una policía arriesga su carrera para protegerme del monstruo que juró amarme

El descubrimiento heló la sangre de Claudia. La traición de Marcos no era un acto aislado de un exnovio despechado; era parte de un engranaje mucho más grande que involucraba a personas con un poder inmenso dentro de las propias fuerzas de seguridad del Estado. El gotero no contenía un analgésico, sino una dosis letal de potasio que detendría su corazón en cuestión de minutos sin dejar rastro visible en una autopsia común.

De repente, unos golpes secos y autoritarios comenzaron a sacudir la puerta de la habitación. No eran los golpes de los médicos ni del agente del GEO. Eran impactos pesados, acompañados por voces frías que exigían la apertura inmediata de la sala en nombre de una supuesta unidad de asuntos internos. Sara desenvainó su arma reglamentaria y apuntó directamente a la cerradura, sabiendo que el verdadero enemigo vestía el mismo uniforme que ella.

Sara desenvainó su arma reglamentaria y apuntó directamente a la cerradura, sabiendo que el verdadero enemigo vestía el mismo uniforme qu…