Segundas oportunidades · Historia

Unos rudos moteros me protegieron del hombre más peligroso de mi pasado

Unos rudos moteros me protegieron del hombre más peligroso de mi pasado — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Buscando escapar de una tormenta y de un destino cruel, Lucía entra en un bar de carretera sin saber que unos desconocidos cambiarían su vida para siempre.

La confrontación bajo los neones

La puerta de la cafetería se abrió de golpe, permitiendo que una ráfaga de viento helado y lluvia salpicara el suelo de baldosas. Mateo, el adinerado y manipulador prometido de Lucía, entró con paso firme, escoltado por sus dos corpulentos guardaespaldas. Su rostro reflejaba una mezcla de rabia contenida y una enfermiza superioridad. Al ver a Lucía escondida detrás de los moteros, una sonrisa despectiva dibujó sus labios.

—Lucía, cariño, se acabó la tontería —dijo Mateo con voz chillona pero autoritaria—. Deja de hacer el ridículo con estos vagabundos y vuelve al coche ahora mismo. Tu padre está esperando y no querrás que tome medidas contra su negocio, ¿verdad?

Lucía se encogió, buscando la protección de la imponente espalda de Jairo. La sola mención de su padre y del control financiero que Mateo ejercía sobre su familia la hacía temblar de angustia. Jairo, sin embargo, permaneció inmóvil, con los brazos cruzados sobre su amplio pecho, observando al recién llegado con un desprecio absoluto.

Unos rudos moteros me protegieron del hombre más peligroso de mi pasado
—La señorita ha decidido quedarse aquí —declaró Jairo con voz pausada pero contundente—. Y os sugiero que deis media vuelta antes de que las cosas se compliquen para vosotros.

Mateo soltó una carcajada arrogante, dando un paso adelante mientras sus guardaespaldas se abrían de flancos, llevando las manos de manera sugerente hacia el interior de sus chaquetas de sastre, revelando las culatas de sus armas de fuego.

—¿Me estás amenazando, viejo estúpido? —escupió Mateo, señalando a Jairo con el dedo—. No tienes ni idea de quién soy. Mi familia es dueña de la mitad de las tierras de esta provincia y de la principal empresa de transportes que da de comer a gentuza como vosotros. Puedo hacer que os encierren a todos antes de que termine la noche con una sola llamada telefónica.

El ambiente en la pequeña cafetería se volvió asfixiante. Ninguno de los moteros retrocedió; al contrario, formaron un semicírculo perfecto alrededor de los intrusos. Fue entonces cuando Jairo fijó su mirada en el pesado sello de oro que Mateo llevaba en el dedo, un emblema que representaba a la empresa de transportes de su familia.

—Sé perfectamente quién eres, Mateo —dijo Jairo con una sonrisa fría que desconcertó al joven adinerado—. Y conozco ese sello de la corporación de transportes. De hecho, yo soy el socio mayoritario de la naviera que os alquila los contenedores. Sin mí, vuestra gran empresa no es más que un montón de camiones vacíos y deudas pendientes.

Sin mí, vuestra gran empresa no es más que un montón de camiones vacíos y deudas pendientes.