Traición · Historia

La verdad oculta tras las rejas y la traición que Begoña intentó silenciar con golpes

La verdad oculta tras las rejas y la traición que Begoña intentó silenciar con golpes — Parte 2
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Anteriormente: Tras ser acusada falsamente de un crimen que no cometió, Sara se enfrenta a su peor enemiga en el patio de la prisión, descubriendo un secreto que cambiará su destino para siempre.

Begoña permaneció en el suelo durante varios segundos, tosiendo y escupiendo un hilo de saliva sanguinolenta sobre la tierra reseca. Las reclusas que observaban la escena comenzaron a murmurar, pero una mirada severa de las funcionarias desde las torres de vigilancia contuvo cualquier conato de motín. Con dificultad, Begoña se incorporó sobre sus rodillas, pero en lugar de lanzarse nuevamente al ataque, miró a Sara con una expresión donde el respeto forzado reemplazaba a la soberbia.

—Tienes agallas, niñata —susurró Begoña, arrastrando las palabras para que solo Sara pudiera escucharla—. Pero la fuerza no te servirá de nada contra el dinero exterior.

La verdad oculta tras las rejas y la traición que Begoña intentó silenciar con golpes

Un pacto inesperado

Sara frunció el ceño, manteniendo la distancia pero escuchando con atención. Begoña se limpió la boca con el dorso de la mano y continuó con voz baja y ronca:

—Tu cuñado Carlos me pagó una fortuna para que te rompiera las piernas antes del juicio de apelación de la próxima semana. Quiere asegurarse de que no puedas presentarte a declarar.

Las palabras de Begoña cayeron como agua helada sobre la espalda de Sara. Sabía que Carlos y su hermana Lucía eran capaces de todo para proteger la fortuna que le habían robado, pero enviar a alguien a lisiarla dentro de prisión superaba sus peores temores. Sin embargo, la revelación no terminó ahí. Begoña, dándose cuenta de que Sara era una rival formidable y que Carlos la estaba usando como un peón prescindible, le propuso un trato inesperado.

—Carlos cree que soy una tonta útil —siseó Begoña—. Pero yo sé que tienes las pruebas de su fraude guardadas en una caja de seguridad fuera de aquí. Hagamos un trato: yo te ayudo a sacar esa información a través de mi contacto en las visitas familiares, y tú me das la mitad de lo que recuperes cuando salgas. Si aceptas, fingiremos que me diste una paliza peor para justificar mi fracaso ante él.

Sara se encontraba ante un dilema moral devastador: confiar en la mujer que acababa de intentar agredirla o enfrentarse sola a la implacable maquinaria de su cuñado.

Si aceptas, fingiremos que me diste una paliza peor para justificar mi fracaso ante él.Sara se encontraba ante un dilema moral devastador…