El violento ataque de mi jefe en la oficina desató una verdad oculta
Anteriormente: Cuando Arturo agredió brutalmente a Clara en el despacho presidencial, no imaginó que Sara intervendría con tanta furia. Pero el ataque físico era solo la punta del iceberg de una traición corporativa millonaria.
Secretos bajo el uniforme corporativo
Arturo yacía en el suelo de parqué, gimiendo y tratando de recuperar el aliento entre los cristales rotos. Sara ayudó rápidamente a Clara a levantarse, limpiando con cuidado la sangre de su frente. La timidez habitual de la asistente había desaparecido por completo, reemplazada por una mirada de acero y una determinación profesional que dejó a Clara sin palabras. Mientras Arturo intentaba ponerse en pie apoyándose en la pared, Sara extrajo un dispositivo de su chaleco y comenzó a copiar los archivos restantes del ordenador presidencial.
—¿Quién eres tú realmente? —preguntó Clara, sosteniéndose la cabeza dolorida.
—Soy la inspectora Sara Vega, de la Unidad de Delitos Económicos de la Policía Nacional. Llevo meses infiltrada buscando la prueba definitiva de este desfalco —reveló Sara con voz firme—. Y tu informe financiero acaba de sellar el destino de Arturo.
Sin embargo, Arturo comenzó a reír con amargura mientras se limpiaba un hilo de sangre de la comisura de los labios. Con mano temblorosa, sacó un pequeño transmisor de radio de su chaqueta gris. Antes de que Sara pudiera impedirlo, presionó el botón de llamada. Arturo les advirtió que no saldrían vivas del edificio, pues sus socios corruptos en las altas esferas ya habían enviado a un equipo de seguridad privada para interceptarlas y destruir cualquier evidencia física o digital.

Los pasillos exteriores comenzaron a resonar con el eco de pasos pesados. Las luces de emergencia del pasillo comenzaron a parpadear en rojo, indicando un cierre patronal de seguridad. Las dos mujeres se encontraban atrapadas en el piso treinta, con la única salida bloqueada por hombres armados pagados por la red de corrupción de Arturo, quien las miraba con una sonrisa triunfal y despiadada.
”Las dos mujeres se encontraban atrapadas en el piso treinta, con la única salida bloqueada por hombres armados pagados por la red de corr…