Segundas oportunidades · Historia

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme — Parte 1
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El peaje del patio trasero

El patio de la prisión de Cruz del Norte siempre olía a humedad y a desesperación. Aquella tarde de otoño, bajo un cielo encapotado que amenazaba tormenta, Claudia caminaba pegada al muro de hormigón, intentando pasar desapercibida. Con solo veinticuatro años y una condena injusta sobre sus hombros, cada rincón de aquel lugar le parecía una trampa mortal. Pero el peligro no tardó en encontrarla.

De repente, tres figuras le cerraron el paso. Al frente estaba Sara, una de las reclusas más peligrosas del módulo, conocida por su crueldad y su cabello castaño ondulado que siempre llevaba al viento. Con una sonrisa gélida, Sara la empujó contra el frío hormigón, acorralándola sin dejarle vía de escape.

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme
—No cruzas mi patio sin pagar el peaje —siseó Sara, acercándose tanto que Claudia pudo sentir su respiración hostil.

Claudia, temblando de pies a cabeza, con sus pecas empalidecidas por el pánico absoluto, apenas pudo articular palabra.

—Ni siquiera sé qué significa eso —tartamudeó, intentando inútilmente buscar una salida con la mirada.

Sara soltó una carcajada burlona y levantó el puño para golpearla, pero antes de que pudiera hacerlo, una figura atlética de cabello corto y oscuro se interpuso en su camino. Era Blanco, una reclusa solitaria respetada por todos por su letal habilidad para la defensa.

—Esto no es asunto tuyo, Blanco —ladró Sara, retrocediendo un paso, visiblemente molesta por la interrupción.
—Entonces haz que lo sea —desafió Blanco, levantando los puños con una calma asombrosa.

La cómplice de Sara se lanzó al ataque con un puñetazo salvaje, pero Blanco la esquivó con la gracia de una boxeadora profesional y conectó un contraataque limpio que la mandó directa al suelo. El patio quedó en absoluto silencio. Mientras caminaban alejándose del tumulto, Blanco miró a Claudia de reojo con severidad.

—Pégate a la pared cuando pasen las funcionarias. Siempre —le aconsejó en un susurro cargado de misterio.

Siempre —le aconsejó en un susurro cargado de misterio.