Acorralada en la lavandería de la prisión, una reclusa encuentra una aliada inesperada.
Anteriormente: Laura pensaba que no sobreviviría a su primera semana en prisión tras ser traicionada. Sin embargo, en el rincón más oscuro de la lavandería, una protectora inesperada cambió su destino para siempre.
La redención y el precio de la libertad
La noche cayó sobre el penal como una losa fría. A las once, el zumbido de los generadores se redujo y el pabellón quedó sumido en una oscuridad casi absoluta. Laura permanecía sentada en su litera, con la espalda apoyada contra la pared y el corazón latiendo desbocado. De repente, tal como Tania había advertido, el pestillo de su celda cedió con un leve chasquido metálico.
Tres siluetas oscuras se colaron en el habitáculo. Al frente iba Beatriz, sosteniendo un objeto metálico afilado de manera artesanal. Sin mediar palabra, se abalanzó sobre la litera de Laura. Pero antes de que el arma pudiera tocarla, Tania surgió de la penumbra de la litera superior, interceptando el ataque con una ferocidad inaudita.

La pelea fue silenciosa pero brutal. En medio del forcejeo, Beatriz lanzó una estocada ciega que hirió a Tania en el costado. Al ver brotar la sangre, Laura, superando el pánico que la atenazaba, utilizó una pesada bandeja de metal para golpear a Beatriz en la cabeza, dejándola inconsciente en el suelo. Las otras dos cómplices, al ver frustrado su plan y percatarse de la gravedad de la situación, huyeron despavoridas hacia el pasillo.
Con Tania perdiendo sangre rápidamente debido a una profunda herida punzante, Laura demostró por qué era una de las mejores enfermeras del país. Utilizando las sábanas limpias que había logrado ocultar y aplicando presión de manera experta, logró estabilizar a su protectora justo cuando los guardias de patrulla acudieron al escuchar el alboroto.
El escándalo resultante fue imposible de encubrir. La brutal agresión, sumada a la evidente complicidad del guardia que había abierto las celdas, desató una investigación exhaustiva por parte del Ministerio de Justicia. Ante la presión de los inspectores, Beatriz confesó la verdad y delató al director médico que la había contratado desde el exterior.
Semanas después, Laura fue plenamente exonerada de todos los cargos y recuperó su libertad, no sin antes asegurar que el caso de Tania fuera revisado por un abogado de renombre. Al cruzar las puertas de la prisión, Laura comprendió que incluso en el lugar más oscuro del mundo, la bondad del pasado siempre encuentra el camino de vuelta para salvarnos.


