Venganza · Historia

Defendí a la reclusa nueva del peligro y desaté una guerra en prisión

Defendí a la reclusa nueva del peligro y desaté una guerra en prisión — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Tania intervino para salvar a Elisa de una brutal paliza en el patio de la cárcel, no imaginó que su acto de valentía despertaría a los fantasmas más peligrosos de su propio pasado.

El chantaje y la trampa de vapor

La humillación de Alba no se quedaría sin respuesta. En el microcosmos de la prisión, el honor y el control del territorio lo eran todo. Al día siguiente, la tensión se respiraba en cada rincón del pabellón. Durante la hora del almuerzo, Elisa se acercó a Tania con el rostro desencajado por el miedo, entregándole una nota arrugada que había encontrado en su celda. El mensaje era directo y devastador: sabían el nombre de la hermana pequeña de Tania, Sofía, y amenazaban con atacarla en el exterior si Tania no se sometía al control de la banda.

El pánico se apoderó de Tania. ¿Cómo habían obtenido esa información confidencial? Antes de que pudiera buscar respuestas, las sirenas de emergencia de la prisión comenzaron a aullar, anunciando un motín en la zona de las duchas comunes. Sabiendo que Elisa corría peligro, Tania corrió desesperada hacia el lugar, abriéndose paso entre el caos del pabellón.

Defendí a la reclusa nueva del peligro y desaté una guerra en prisión

Al entrar a las duchas, el ambiente era casi fantasmal. El vapor del agua caliente inundaba el espacio, reduciendo la visibilidad a unos pocos metros. Allí, acorralada contra los azulejos húmedos, estaba Elisa, aterrorizada. Alba la sujetaba por el cabello mientras sostenía una faca carcelaria afilada en su mano derecha. Su rostro reflejaba una locura descontrolada.

—Te advertí que no te interpusieras en mi camino —siseó Alba, apretando el arma contra el cuello de Elisa—. Ahora decide: o me entregas tu vida y tu obediencia aquí dentro, o mi gente afuera se encargará de que tu hermanita no cumpla un año más. Tienes tres segundos.

Tania se quedó petrificada. El agua caía sobre su rostro mezclándose con su sudor frío. Estaba atrapada entre el deber de salvar a una inocente frente a ella y la desgarradora necesidad de proteger a su familia en el exterior. El tiempo se agotaba y el filo del arma rozaba la piel de Elisa.

El tiempo se agotaba y el filo del arma rozaba la piel de Elisa.