Defendí a una anciana indefensa en prisión sin saber quién era realmente
Anteriormente: Estefanía arriesgó su propia libertad en prisión para salvar a una anciana de las garras de una temible abusadora, descubriendo un secreto que cambiaría su destino para siempre.
La trampa y la verdadera identidad
La victoria de Estefanía fue tan espectacular como peligrosa. Aunque el respeto hacia ella creció entre los pasillos de la prisión, el odio de Berenice se transformó en una venganza silenciosa y letal. Al día siguiente, durante el recuento matutino de seguridad, la celda de Estefanía fue registrada con una hostilidad inusual por parte de las guardias de turno. Tras destrozar su jergón, una de las oficiales extrajo un paquete sospechoso.
Dentro del plástico negro había sustancias prohibidas y un mapa detallado del perímetro exterior del penal. Era una evidencia sembrada de tráfico y un supuesto plan de fuga inminente. El castigo para tales faltas era la adición de diez años de condena y el traslado inmediato a las celdas de aislamiento en el sótano, conocidas como el agujero. Mientras la arrastraban por el patio, Estefanía divisó a Berenice sonriendo con desprecio desde la distancia.

Encerrada en la fría penumbra del aislamiento, Estefanía asumió que su vida estaba arruinada. Sin embargo, a altas horas de la madrugada, el chirrido de los cerrojos de su celda la despertó. Para su asombro, la puerta de hierro se abrió para dar paso a la subdirectora del centro penitenciario. Detrás de ella caminaba Constanza, pero su aspecto ya no era el de la anciana asustada e indefensa de las cocinas.
Constanza vestía un elegante traje de sastre y su mirada reflejaba una autoridad que hacía temblar a la propia subdirectora. Estefanía la miró estupefacta, incapaz de articular palabra alguna ante semejante transformación.
—Es hora de que sepas quién soy realmente, Estefanía —dijo la mujer con una voz firme y culta—. Mi nombre es Constanza de la Vega, y soy la fundadora de la junta de vigilancia penitenciaria de este país. Estaba aquí bajo una identidad falsa para evaluar la corrupción y el trato a las internas.
Estefanía escuchó en silencio absoluto, dándose cuenta de que la anciana indefensa a la que había protegido era, en realidad, la mujer más poderosa del sistema judicial.
”Estaba aquí bajo una identidad falsa para evaluar la corrupción y el trato a las internas.Estefanía escuchó en silencio absoluto, dándose…