Defendió a una presa indefensa en el patio sin saber que cambiaría su destino
La ley del más fuerte en el patio
El sol de justicia caía inclemente sobre el patio de la prisión, un páramo de hormigón y polvo delimitado por imponentes vallas metálicas coronadas con espinos cortantes. Para las reclusas, aquel espacio era el único respiro diario, pero también el escenario más peligroso. Cristina, una mujer de complexión atlética y mirada serena pero firme, realizaba sus ejercicios de estiramiento cerca de la zona deportiva, tratando de abstraerse de la tensión latente que siempre flotaba en el aire.
A pocos metros, Sara, una joven menuda y de aspecto frágil que acababa de ingresar en el centro penitenciario, caminaba con la vista fija en el suelo, asustada por el ambiente hostil. Desafortunadamente para ella, su camino se cruzó con el de Begoña, una reclusa corpulenta conocida por su crueldad y por liderar uno de los sectores más conflictivos de la prisión. Con una sonrisa maliciosa, Begoña, que levantaba pesas de forma perezosa, estiró la pierna deliberadamente al paso de Sara.

El tropiezo fue brutal. Sara voló por los aires y cayó pesadamente sobre el asfalto áspero, raspándose las manos y soltando un gemido de dolor. Las demás presas desviaron la mirada, temerosas de intervenir. Begoña se burló abiertamente de la joven caída.
Mira por dónde vas la próxima vez.
La crueldad de la escena encendió una chispa de indignación en el pecho de Cristina. Sin dudarlo, dio un paso al frente y se interpusió entre la agresora y la víctima, impidiendo que Begoña continuara con su humillación.
No se cruzó en tu camino. Lo hiciste a propósito.
La tensión estalló en un instante. Begoña, enfurecida por el desafío, cargó contra Cristina secundada por su aliada Clara. Sin embargo, la agilidad y el entrenamiento de Cristina neutralizaron rápidamente el ataque. Con un movimiento limpio y preciso, derribó a Clara contra la valla y esquivó el golpe de Begoña, proyectando a la gigante contra el suelo polvoriento con un impacto ensordecedor. Sometiéndola bajo su peso, Cristina repitió con voz firme y autoritaria:
No se cruzó en tu camino, ¡lo hiciste a propósito! Métete con alguien de tu tamaño.
Tras dejar a Begoña humillada ante la atónita mirada de la población reclusa, Cristina ayudó a Sara a levantarse y la guio rápidamente hacia la enfermería, ajena a las consecuencias que aquel acto de justicia desataría.
”Métete con alguien de tu tamaño.Tras dejar a Begoña humillada ante la atónita mirada de la población reclusa, Cristina ayudó a Sara a lev…