Segundas oportunidades · Ficción breve

Desafió al padre más poderoso para devolverle la ilusión a una joven olvidada

Desafió al padre más poderoso para devolverle la ilusión a una joven olvidada — Parte 1
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El antiguo granero de piedra y madera en las afueras de Segovia estaba impregnado de un ambiente mágico. Decenas de guirnaldas de luces cálidas colgaban de las altas vigas, proyectando un brillo dorado sobre los invitados vestidos de gala. La música sonaba suave de fondo, pero para Iván, de veinticuatro años, el ruido del entorno se había desvanecido por completo. Sus ojos estaban fijos en el rincón más apartado del salón, donde Mara, una joven de veintiún años de cabello cobrizo y mirada melancólica, permanecía sentada en su silla de ruedas con un elegante vestido azul marino.

A su lado, como una sombra imponente, se encontraba Roberto, su padre. Vestido con un impecable traje negro, Roberto vigilaba cada movimiento a su alrededor con una severidad que ahuyentaba a cualquiera que se atreviera a mirar a su hija. Sin embargo, Iván sintió un impulso incontrolable al ver cómo los dedos de Mara seguían tímidamente el ritmo de la melodía sobre su regazo. Había una chispa de vida en ella que se negaba a apagarse.

Desafió al padre más poderoso para devolverle la ilusión a una joven olvidada

Con paso firme, vistiendo una americana de lino claro que contrastaba con la rigidez formal del lugar, Iván cruzó el salón. Los murmullos cesaron a su paso. Al llegar frente a ellos, Roberto dio un paso al frente, bloqueando su camino con frialdad.

—Déjame bailar con ella —pidió Iván, sosteniendo la mirada del hombre.

La mandíbula de Roberto se tensó bajo las luces doradas.

—¿Acaso sabes quién es? —demandó con voz grave y cortante.
—Sé que quiere bailar —respondió Iván con absoluta firmeza.

Roberto dio un paso más, intentando intimidarlo con su imponente presencia física.

—¿Por qué iba a dejar que te acercaras a ella? —preguntó, con un tono cargado de amenaza.

Iván miró a Mara por un segundo. Ella lo observaba con los labios entreabiertos, conteniendo el aliento.

—Porque ella puede bailar —sentenció con una confianza silenciosa.

Ignorando la furia contenida de Roberto, Iván se inclinó suavemente y le ofreció su mano a Mara. Tras un instante de duda que pareció detener el tiempo, la joven extendió su mano y la colocó sobre la mía.

Tras un instante de duda que pareció detener el tiempo, la joven extendió su mano y la colocó sobre la mía.