Venganza · Historia

Detrás de las rejas descubrí la traición que me costó la libertad

Detrás de las rejas descubrí la traición que me costó la libertad — Parte 2
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Anteriormente: Una trampa tendida por su propia socia la llevó a prisión, pero tras los muros de concreto, Lorena descubrirá que la verdadera batalla apenas comienza frente a una guardia despiadada.

La aparente victoria en el patio no tardó en cobrar su precio. Al caer la noche, cuando el silencio sepulcral se apoderó de las galerías de la prisión, el chirrido metálico de la celda de Lorena rompió la calma. La puerta se abrió despacio, revelando la silueta de la oficial Silvia, armada con su porra reglamentaria, flanqueada por una Olga sedienta de venganza y con el rostro visiblemente magullado.

La emboscada nocturna

—¿Creías que ibas a salirte con la tuya, niñata? —susurró Silvia, cerrando la puerta tras de sí para evitar que las cámaras del pasillo registraran lo que estaba a punto de suceder—. En este patio, yo soy el juez y el verdugo. Y tú vas a aprender a respetar mi autoridad.

Detrás de las rejas descubrí la traición que me costó la libertad

Lorena se incorporó lentamente de su litera, manteniendo la calma a pesar de que su corazón latía con fuerza contra su pecho. Sabía que gritar no serviría de nada; en ese sector, todos los guardias de turno respondían ante Silvia. Estaba sola en la penumbra frente a dos agresoras implacables. Sin embargo, Lorena guardaba una carta bajo la manga que nadie esperaba.

—Antes de que des el primer golpe, Silvia, deberías revisar tu casillero privado —dijo Lorena con voz firme y pausada—. O, mejor aún, podrías preguntarle a tu contacto en el muelle de carga qué pasó con el último cargamento de contrabando que ingresó a la prisión.

La oficial se congeló a mitad de paso. La mención del muelle de carga tocó una fibra sensible. Durante semanas, Lorena había estado recopilando pruebas del lucrativo negocio ilegal que Silvia manejaba dentro de la cárcel. Con la ayuda de un aliado en el exterior, había logrado documentar cada transacción, cada soborno y cada nombre de la red de corrupción. Si esa información llegaba a la dirección general, la carrera de Silvia no solo terminaría de inmediato, sino que pasaría el resto de sus días vistiendo el mismo uniforme gris que ahora tanto despreciaba.

Si esa información llegaba a la dirección general, la carrera de Silvia no solo terminaría de inmediato, sino que pasaría el resto de sus…