Detrás de los muros, una mujer arriesga todo por salvar a una inocente
El patio del infierno
El sol del mediodía caía sin piedad sobre el patio de cemento de la prisión de Cruz del Sur, levantando un polvo denso que dificultaba la respiración. En este rincón olvidado de España, las reglas no las dictaban los guardias, sino el miedo. Sara, una reclusa de mirada firme y cabello oscuro recogido en una coleta impecable, observaba la escena desde un desgastado banco de piedra, intentando mantener la distancia con los constantes conflictos del lugar.
De repente, el silencio tenso se rompió cuando Valeria, una reclusa de complexión robusta y cabello rubio corto, empujó violentamente a una joven recién llegada. La chica cayó al suelo cubierto de polvo, temblando de terror bajo la mirada despiadada de las demás presas. A pocos metros, Roxy, la indiscutible líder del patio, famosa por sus sienes rapadas y su trenza alta, dio un paso adelante con una frialdad que helaba la sangre.

—Esa es la nueva —dijo Roxy, señalando a la joven indefensa mientras un murmullo de risas burlonas estallaba a su alrededor.
Roxy caminó despacio, saboreando el poder que ejercía sobre cada alma en ese patio. Con un tono de voz que no admitía réplica, declaró:
—Ella no le pertenece a nadie. Ahora es mía.
El pánico en los ojos de la nueva reclusa fue el detonante para Sara. Algo dentro de ella, un recuerdo doloroso de su vida antes de la traición que la trajo aquí, se encendió con furia. Sin pensarlo dos veces, Sara se levantó del banco y caminó con paso decidido hacia Valeria. La confrontación era inevitable. Valeria, al verla acercarse, lanzó un puñetazo salvaje cargado de rabia.
Con reflejos felinos, Sara esquivó el ataque inclinando el cuerpo hacia un lado. En un parpadeo, devolvió el golpe con una serie rápida y precisa de puñetazos y patadas que desarmaron por completo a su oponente. Valeria salió despedida hacia atrás, chocando contra el banco de madera que se partió en dos con un crujido seco. Sara la miró con frialdad y, bajo la mirada atónita de Roxy y el resto de las presas, se dio la vuelta y se alejó en silencio, dejando claro que el patio ya no tenía una sola dueña.
”Sara la miró con frialdad y, bajo la mirada atónita de Roxy y el resto de las presas, se dio la vuelta y se alejó en silencio, dejando cl…