El arresto de mi prometido en la gala reveló su peor traición
El eco de una traición dorada
El gran salón neoclásico de Madrid brillaba con el resplandor de mil arañas de cristal, reflejándose sobre las pulidas columnas de mármol blanco. Isabella se ajustó el dobladillo de su vestido plateado, sintiendo una opresión en el pecho que no lograba explicar. Había buscado a Martín por todo el palacio, pero su prometido parecía haberse evaporado entre la multitud de la alta sociedad. Fue entonces cuando lo vio cerca de la gran escalinata, y su corazón se detuvo por completo.
Martín, impecable en su esmoquin azul marino, caminaba del brazo de Carlota. Ella lucía un espectacular vestido de seda verde esmeralda que realzaba su cabello cobrizo. No era solo la cercanía física lo que heló la sangre de Isabella, sino la forma en que él la miraba, con una devoción que jamás había mostrado por ella. Carlota reía, inclinando la cabeza hacia el hombro de Martín en un gesto de absoluta intimidad. Era la confirmación de todas sus sospechas: su mejor amiga y su prometido la estaban traicionando de la peor manera posible.

Antes de que Isabella pudiera dar un paso para confrontarlos, el murmullo de la fiesta fue interrumpido bruscamente. Dos inspectores de policía de paisano se abrieron paso entre los invitados con determinación. Antes de que Martín pudiera reaccionar, uno de los agentes lo sujetó firmemente por los hombros, inmovilizándolo ante la mirada atónita de los presentes.
¡Señor, queda detenido por cargos de fraude financiero y desfalco!
La voz del oficial resonó en el salón. Martín, con el rostro descompuesto por el pánico, intentó zafarse con desesperación.
¡¿Qué?! ¡Esto es un error absoluto! ¡Sueltenme!
A su lado, Carlota soltó un grito ahogado de terror y comenzó a sollozar desconsoladamente, tapándose el rostro con las manos mientras veía cómo se llevaban a Martín esposado entre la multitud silenciosa. Isabella contemplaba la escena desde las sombras, debatiéndose entre el shock y una fría satisfacción.
”Isabella contemplaba la escena desde las sombras, debatiéndose entre el shock y una fría satisfacción.