El ataque de mi ex en el hospital reveló el oscuro secreto de mi familia
Anteriormente: Tras un terrible accidente, Claudia despierta en el hospital custodiada por la policía. Cuando su agresivo ex intenta atacarla de nuevo, una capitana interviene, desatando una red de mentiras familiares.
Una conspiración de sangre
Una vez que el orden se restableció temporalmente en la habitación, la capitana Herrera cerró la puerta con pestillo. Su respiración era agitada, pero sus ojos transmitían una determinación inquebrantable. Se acercó de nuevo a Claudia y, arrodillándose junto a la camilla, le retiró con suavidad las manos empapadas en lágrimas de la cara.
«Claudia, mírame. Necesito que seas muy fuerte. Lo que acaba de pasar no ha sido un simple ataque de celos. Lucas intentó matarte en la carretera manipulando los frenos de tu coche», sentenció la capitana, su tono de voz descendiendo a un susurro confidencial.

La joven herida la miró con desconcierto, tratando de procesar aquellas palabras. «¿Por qué querría hacerme esto? Él me amaba...», balbuceó.
«No te amaba, Claudia. Todo fue un plan diseñado desde el principio por tu padrastro, Rodrigo. Él descubrió que tu difunto padre biológico te había nombrado heredera única de una fortuna en tierras y cuentas en Suiza. Si tú falleces antes de cumplir los treinta años, todo ese patrimonio pasa automáticamente a Rodrigo. Lucas fue contratado para casarse contigo y provocar un accidente fatal», explicó Herrera, revelando la macabra verdad.
Claudia sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Pero la revelación más impactante aún estaba por llegar. La capitana la miró con los ojos empañados en lágrimas.
«Hay algo más que debes saber. Yo no estoy aquí por casualidad. Hace veinte años, nuestra madre nos separó cuando nuestro padre falleció. Claudia... yo soy tu hermana mayor, Sofía.»
Antes de que las hermanas pudieran asimilar el emotivo reencuentro, el pomo de la puerta giró violentamente. La puerta se abrió de golpe para dar paso a Rodrigo, el padrastro de Claudia. Vestido con un traje suntuoso, venía acompañado por tres abogados de renombre y un hombre misterioso que portaba una orden judicial.
«Se acabó el juego, capitana», declaró Rodrigo con una sonrisa cínica. «Tenemos una orden de traslado firmada por un juez de la Audiencia. Nos llevamos a mi hijastra a una clínica privada de nuestra confianza. Si intenta detenernos, será arrestada por desacato e interferencia judicial.»
”Si intenta detenernos, será arrestada por desacato e interferencia judicial.»