Venganza · Ficción breve

El día que decidí no callarme más y enfrentar a mi peor enemiga

El día que decidí no callarme más y enfrentar a mi peor enemiga — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Tras meses de humillaciones y abusos en el patio de la prisión, Vanesa decide que ya es suficiente. Una traición inesperada la obligará a luchar por su vida y su dignidad frente a todos.

La aparente victoria en el patio no tardó en cobrar su precio. Esa misma noche, el silencio sepulcral de las celdas se vio interrumpido por el chirrido metálico de una cerradura. No era la hora del recuento. Vanesa se incorporó de inmediato en su litera, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. La silueta de la oficial Raquel apareció en el umbral, sosteniendo el manojo de llaves maestras con una frialdad escalofriante. Detrás de ella, tres figuras se deslizaron hacia el interior de la celda oscura. La luz de los pasillos reveló el rostro vendado de Berta, distorsionado por una mueca de odio absoluto.

Atrapada en la penumbra

«Pensaste que habías ganado, ¿verdad, niñata? Aquí dentro, las reglas las pongo yo, y tú vas a salir de esta celda en una bolsa de basura»
, susurró Berta, mientras sus secuaces bloqueaban la única salida. Raquel cerró la pesada puerta de hierro tras ellas, garantizando que nadie intervendría. Vanesa estaba arrinconada contra la fría pared de hormigón. Las agresoras sostenían armas improvisadas: cepillos de dientes afilados y trozos de metal oxidado obtenidos en los talleres. La situación parecía desesperada, pero Vanesa no se había quedado de brazos cruzados desde la pelea del patio.

El día que decidí no callarme más y enfrentar a mi peor enemiga

Sabiendo que Berta buscaría venganza, Vanesa había recuperado un pequeño dispositivo de grabación digital que un contacto del exterior había logrado introducir semanas atrás. Lo tenía oculto bajo su colchón, y en él guardaba las pruebas definitivas de la red de extorsión y contrabando que Berta y la oficial Raquel operaban dentro del penal. Si acababan con ella, el dispositivo sería enviado automáticamente al director de la prisión y a la prensa a través de su abogado de confianza. «Un paso más, Berta, y toda vuestra pequeña mafia se desmoronará antes del amanecer», advirtió Vanesa, mostrando el pequeño aparato con firmeza.

«Un paso más, Berta, y toda vuestra pequeña mafia se desmoronará antes del amanecer», advirtió Vanesa, mostrando el pequeño aparato con f…