Segundas oportunidades · Ficción breve

El día que defendí a una inocente en prisión y descubrí una traición oculta

El día que defendí a una inocente en prisión y descubrí una traición oculta — Parte 1
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El patio de los secretos

La Prisión de Soto del Real albergaba historias de todo tipo, pero ninguna tan intensa como la que estaba a punto de desatarse en el patio del módulo femenino. Aquella mañana gris, bajo un cielo plomizo que amenazaba con una tormenta helada, el ambiente estaba cargado de una tensión casi eléctrica. En un rincón del desolado patio de hormigón, rodeado por vallas de alta seguridad y espirales de espino cortante, se encontraba Sara. Con paso firme y la mirada fija, se ajustaba las vendas negras de sus manos, su único escudo contra la hostilidad del encierro.

De pronto, un grito desgarrador rompió el murmullo del patio. Begoña, una interna imponente y conocida por su brutalidad, tenía acorralada a Lucía junto a los pilones de agua. Ante la mirada aterrorizada del resto de las reclusas, Begoña agarró a la joven por el cabello y comenzó a sumergir su cabeza en el pilón de metal lleno de agua congelada. Lucía luchaba desesperadamente por un hilo de aire, pero la fuerza de su agresora era descomunal. Alrededor, un grupo de reclusas observaba en silencio, paralizadas por el miedo, mientras una de ellas gritó con frialdad:

El día que defendí a una inocente en prisión y descubrí una traición oculta
«¡Le va a dar una lección!»

Fue en ese instante cuando Sara decidió intervenir. Sin dudarlo, avanzó con paso decidido y se interpuso entre Begoña y su víctima, adoptando una postura de combate impecable. La imponente mujer se detuvo, sorprendida por la osadía, y clavó sus ojos inyectados en sangre en la recién llegada.

«Quítate de mi vista», siseó Sara con una voz gélida que heló la sangre de los presentes.

Begoña, enfurecida, se lanzó al ataque con un derechazo brutal. Sin embargo, la agilidad de Sara fue superior: esquivó el golpe con un movimiento felino y contraatacó con un gancho directo a las costillas de su oponente, rematando la secuencia con una espectacular patada alta que mandó a Begoña directamente al frío suelo de hormigón. De pie sobre la líder caída, Sara sentenció:

«Déjala en paz. O atente a las consecuencias».

De pie sobre la líder caída, Sara sentenció:«Déjala en paz. O atente a las consecuencias».