Venganza · Historia

El pacto secreto de Lucía con una banda de moteros para recuperar su vida

El pacto secreto de Lucía con una banda de moteros para recuperar su vida — Parte 1
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El encuentro en el cruce

La lluvia golpeaba con fuerza los cristales empañados de la cafetería "El Cruce", un clásico refugio de carretera congelado en el tiempo. El suelo de baldosas ajedrezadas y los reservados de color turquesa brillaban bajo la mortecina luz de los neones exteriores. En el ambiente flotaba una mezcla de café cargado, humo de tabaco y el olor a asfalto mojado. Para Lucía, aquel lugar representaba el último recurso de una mujer desesperada.

Con paso firme pero el corazón desbocado, la joven de cabello rubio fresa avanzó por el pasillo central. Vestía una sencilla sudadera verde, un contraste absoluto con la atmósfera pesada del local. Al fondo, sentado en una de las cabinas, se encontraba Martín. El rudo motero, de barba descuidada y chaqueta vaquera gastada, mantenía la mirada fija en su taza. A su alrededor, los miembros de su club de moteros guardaban un silencio tenso, casi sagrado.

El pacto secreto de Lucía con una banda de moteros para recuperar su vida

En una mesa contigua, ajeno a la tormenta que se avecinaba, se encontraba Leo. El joven devoraba una hamburguesa con ansiedad, pero al reconocer a Lucía, el bocado se le atascó en la garganta. Sabía quién era ella y, sobre todo, sabía de lo que era capaz el hombre que la había traicionado.

Lucía se detuvo frente a Martín. Sin mediar palabra, se inclinó hacia él hasta que sus frentes casi se tocaron. En ese instante de intimidad forzada, la joven susurró con una voz cargada de una determinación gélida:

Ya sabes lo que tienes que hacer. Ahora mismo. Sin dudar.

Martín la miró fijamente a los ojos, buscando algún rastro de vacilación. No encontró ninguno. Con un gruñido ronco que pareció hacer vibrar las paredes del local, respondió con una orden tajante:

Rómpelo.

De inmediato, la banda de moteros se levantó al unísono de sus asientos, como una marea de cuero y metal dispuesta a arrasar con todo. Leo, encogiéndose en su asiento y aferrando su hamburguesa con manos temblorosas, murmuró para sí mismo:

Uf, eso no pinta bien.

Leo, encogiéndose en su asiento y aferrando su hamburguesa con manos temblorosas, murmuró para sí mismo:Uf, eso no pinta bien.