Secretos de familia · Historia

El rey descubrió la marca de su hijo perdido en la arena del coliseo

El rey descubrió la marca de su hijo perdido en la arena del coliseo — Parte 1
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El destino escrito en la arena

El sol de la tarde caía implacable sobre las piedras del coliseo, tiñendo la arena de un tono dorado y polvoriento. Miles de voces rugían en las gradas, sedientas de espectáculo y distracción. En el centro del foso, Flavius, un hombre corpulento ataviado con lujosas túnicas de color azul oscuro y bordados de oro fino, alzó los brazos para imponer silencio. Su voz profunda resonó con fuerza por todo el recinto:

¡Quien mate a la bestia recibirá un kilo del oro del rey!

Entre la multitud que observaba desde los pasajes oscuros, Natan dio un paso al frente. Era un joven de complexión delgada, vestido con una camisa beige rota por los años de miseria y trabajo duro. No tenía nada que perder; el hambre y la desesperación lo habían llevado al límite. Cuando las pesadas puertas de hierro de las mazmorras comenzaron a abrirse con un chirrido metálico, Natan corrió hacia el centro de la arena.

El rey descubrió la marca de su hijo perdido en la arena del coliseo

De la oscuridad del túnel emergió una criatura colosal: una bestia de piedra gris, cuyos rugidos hicieron vibrar los cimientos del coliseo. El monstruo embistió ferozmente, levantando una densa nube de polvo a su paso. Natan, sintiendo la inminencia de la muerte, se llevó la mano al pecho y tiró con fuerza de su cuello, buscando el aire que sus pulmones ya no podían retener.

Aquel movimiento desesperado expuso su piel al ardiente sol de Hispania, revelando una cicatriz oscura y dentada en la base de su cuello. En lo alto del palco real, el rey Roberto, un hombre de avanzada edad con barba canosa y una pesada corona de oro, observaba la escena. Al ver la marca, su rostro se despojó de toda la frialdad monárquica. Se puso de pie tambaleándose, apoyó sus manos temblorosas en la barandilla de piedra tallada y exclamó con una voz quebrada por el dolor:

Esa marca murió con mi hijo.

Se puso de pie tambaleándose, apoyó sus manos temblorosas en la barandilla de piedra tallada y exclamó con una voz quebrada por el dolor:…