El secreto de la pulsera blanca que Lucía ocultaba en el hombro
Anteriormente: Cuando Martín descubrió la pulsera médica oculta bajo la venda de Lucía, no imaginó que la policía los cercaría esa misma noche, desenterrando un oscuro secreto familiar.
Secretos desenterrados en el taller
Una vez que el peligro inmediato pareció alejarse, Martín guio a Lucía a través de los callejones hasta su taller mecánico. Era un espacio amplio, dominado por el olor a grasa de motor y herramientas oxidadas. Bajo la tenue luz de una bombilla que colgaba del techo, Martín examinó la pulsera blanca con absoluto detenimiento. Su rostro, habitualmente indescifrable, mostraba una mezcla de rabia y desconcierto.
—Esta pulsera no es normal, Lucía —explicó Martín, señalando un diminuto relieve en el reverso—. Contiene un microchip de acceso encriptado. Pertenece a la clínica psiquiátrica de San Felipe, un centro privado para gente extremadamente influyente.

—Mi madre nunca ha estado enferma, Martín. ¿Por qué me daría esto? —preguntó ella, abrazándose a sí misma para combatir el frío.
Martín soltó un largo suspiro. Sabía que el momento de revelar la verdad había llegado, por doloroso que fuera.
—Tu padre no murió en aquel accidente, Lucía. Esa fue la mentira que tu madre inventó para protegerte de él. Roberto de la Vega sigue vivo, y es uno de los hombres más poderosos y peligrosos de esta región.
La revelación golpeó a Lucía como un impacto físico. Durante dieciocho años había vivido una mentira piadosa.
—Tu abuelo te dejó una inmensa fortuna en herencia, pero solo podías acceder a ella al cumplir la mayoría de edad —continuó Martín—. Tu padre quería apoderarse de esos fondos. Cuando tu madre intentó denunciarlo, él utilizó sus influencias para encerrarla en esa clínica bajo un nombre falso. Esta pulsera es la llave digital para entrar al archivo de máxima seguridad de la clínica, donde están las pruebas de su reclusión ilegal y del fraude.
De repente, el silencio del taller fue interrumpido por el chirrido de unos neumáticos. Un imponente sedán negro se detuvo frente a la entrada principal. Las luces de los faros inundaron el local, proyectando sombras alargadas en las paredes. De la parte trasera descendió Roberto de la Vega, flanqueado por dos hombres armados. Su sonrisa era gélida y despiadada.
—Devuélveme lo que es mío, Lucía, o tu madre nunca saldrá viva de ese lugar —amenazó Roberto, dando un paso al frente.
”Su sonrisa era gélida y despiadada.—Devuélveme lo que es mío, Lucía, o tu madre nunca saldrá viva de ese lugar —amenazó Roberto, dando un…