El secreto del coliseo y el príncipe perdido que todos daban por muerto
El destino en la arena de piedra
El sol de justicia caía inclemente sobre el coliseo de Segovia, levantando un vapor sofocante de la arena mezclada con el sudor y la sangre de combates pasados. En el centro del foso, rodeado por una multitud sedienta de emociones fuertes, se alzaba Cornelius. Con su imponente figura envuelta en una túnica de un azul profundo con bordados de oro, el organizador de los juegos reales sabía cómo manejar a las masas. Alzó sus brazos hercúleos hacia el palco del monarca y proclamó con voz atronadora:
¡Quien mate a la bestia recibirá un kilo del oro del rey!
La promesa de una riqueza inimaginable desató la locura en las gradas. Sin embargo, para los desdichados que esperaban tras las rejas de hierro, aquella promesa no era más que una sentencia de muerte pintada de dorado. Entre ellos se encontraba Lucas, un joven de aspecto frágil y ropas harapientas de color marrón, cuyo único crimen había sido robar para sobrevivir un día más en las duras calles del reino.

Cuando las pesadas compuertas de madera y hierro se abrieron con un chirrido espantoso, Lucas fue empujado sin piedad hacia el foso. El suelo tembló de inmediato. De las profundidades de la fosa emergió una criatura colosal, una bestia de piel grisácea y rugosa como la roca viva, cuyos ojos ardían con una furia salvaje. El monstruo cargó con violencia, levantando una densa nube de polvo a su paso.
Enfrentado a una muerte segura, el pánico se apoderó de Lucas. En un acto reflejo por el calor sofocante y el terror, el joven se llevó la mano al pecho y tiró con fuerza de su cuello, desgarrando la sucia tela marrón de su túnica. Al hacerlo, quedó expuesta bajo la intensa luz solar una marca oscura, una cicatriz dentada y misteriosa que recorría la base de su cuello.
Desde el balcón tallado en piedra del palco real, el anciano rey Felipe contemplaba la escena con desgana, hasta que sus ojos se clavaron en la piel expuesta del muchacho. El color abandonó su rostro de inmediato, y su mano, que sostenía una copa de plata, comenzó a temblar violentamente.
Esa marca murió con mi hijo...
El murmullo del soberano, cargado de incredulidad y dolor antiguo, heló la sangre de sus consejeros más cercanos, marcando el inicio de un misterio que sacudiría los cimientos de todo el imperio.
”El color abandonó su rostro de inmediato, y su mano, que sostenía una copa de plata, comenzó a temblar violentamente.Esa marca murió con…