El violento reencuentro en prisión que desenterró la peor traición de mi pasado
La ley del patio gris
El viento frío del norte soplaba con fuerza sobre el patio de la prisión, arrastrando un olor a humedad y asfalto mojado. Bajo un cielo plomizo que parecía aplastar los muros de hormigón y el alambre de espino, las reclusas caminaban en círculos, buscando un calor que el penal de mujeres de Santa Marta les negaba día tras día. En medio de ese desierto gris, Andrea observaba desde la sombra. Sus treinta y siete años se reflejaban en la dureza de su mirada y en la cicatriz que surcaba su mejilla izquierda, un doloroso recuerdo de su primera semana en este infierno.
A pocos metros, Raquel Noveda intentaba imponer su ley de la calle. Con el cabello rubio desgreñado y la mirada desesperada de quien sabe que ha caído de su pedestal de oro, Raquel tenía acorralada a una interna joven y vulnerable. La presionaba contra la alambrada, exigiéndole que le entregara su ración de alimentos bajo la amenaza implícita de un objeto cortante que ocultaba en su manga. Andrea sintió que la sangre le hervía en las venas. Raquel no solo le había robado su libertad cinco años atrás al traicionarla con un millonario fraude financiero; ahora pretendía sembrar el terror entre las más indefensas.
La paciencia de Andrea se agotó en un segundo. Sin pensarlo, cruzó el patio a zancadas, esquivando a las reclusas que se apartaban presintiendo el estallido de la violencia. La distancia se acortó y la furia contenida durante un lustro se convirtió en un grito desgarrador que resonó en todo el recinto:
¡Suelta a la zorra, estás muerta, Noveda!
Antes de que Raquel pudiera reaccionar, Andrea se lanzó sobre ella con la fuerza de un huracán. El impacto contra el suelo de asfalto fue brutal y seco. Raquel soltó un quejido ahogado al sentir el peso de Andrea inmovilizándola sobre el suelo frío. Con los ojos inyectados en sangre, Andrea se inclinó sobre ella, siseando con desprecio absoluto:
¡Fuera de mi vista, basura!
El patio quedó en un silencio sepulcral, mientras Raquel temblaba de pánico bajo el cuerpo de su antigua socia, sabiendo que su peor pesadilla acababa de comenzar.
”Con los ojos inyectados en sangre, Andrea se inclinó sobre ella, siseando con desprecio absoluto:¡Fuera de mi vista, basura!El patio qued…