Estaba encerrada por un crimen ajeno, hasta que mi peor enemiga cruzó ese patio
Anteriormente: Estela pensó que la cárcel de Cruz del Sur sería su tumba tras ser traicionada. Pero cuando Beatriz cruzó el patio, entendió que el destino le daba una última oportunidad para cobrarse la verdad.
El último jaque
Sostuve el bolígrafo sobre el papel, simulando una derrota absoluta. Una lágrima fingida resbaló por mi mejilla, haciendo que la sonrisa de Sofía se ensanchara con un triunfo mezquino. El director de la prisión se inclinó hacia delante, ansioso por cerrar el trato que le aseguraría una jubilación millonaria en alguna isla paradisíaca. Firmé con trazos rápidos y firmes, deslizando el documento de vuelta al centro del escritorio.
—Ya tienes lo que querías, Sofía. Has destruido mi vida por completo —susurré, bajando la cabeza.
Sofía soltó una carcajada triunfal, guardando el papel en su bolso de diseñador. Sin embargo, mi expresión cambió de la desesperación a una fría y calculadora sonrisa. Me llevé la mano al cuello de mi camiseta deportiva y extraje un pequeño dispositivo digital, apenas del tamaño de una moneda, que parpadeaba con una luz roja casi imperceptible. Lo coloqué sobre la mesa con un golpe seco.

—El coronel de Asuntos Internos ha estado escuchando cada palabra de esta reunión —declaré, mirando directamente a los ojos desorbitados del director—. ¿De verdad creísteis que la pelea en el patio fue por casualidad? Necesitaba una distracción para que los guardias leales al coronel instalaran los micrófonos en este despacho.
Antes de que el director pudiera pulsar el botón de alarma, la puerta de la oficina se abrió de golpe. No eran los guardias corruptos de turno, sino un escuadrón de la policía judicial con uniformes de intervención. El rostro de Sofía se desfiguró por el pánico absoluto mientras los agentes le colocaban las esposas metálicas en sus muñecas perfectas. El director cayó hacia atrás en su sillón, pálido como un cadáver.
Salí de la oficina escoltada, pero esta vez con la cabeza alta. Beatriz y el resto de las cómplices verían cómo la verdad finalmente derribaba los muros de la corrupción. Al final, la verdadera libertad no se encuentra fuera de las rejas, sino en el valor de enfrentar a quienes intentaron apagar tu luz bajo la sombra de la traición.


