Mi esposa maltrataba a mi madre en secreto mientras yo servía a mi país
Anteriormente: Mateo regresó de su misión militar listo para abrazar a su familia, pero al abrir la puerta de su hogar descubrió la peor traición de su esposa hacia su anciana madre.
El chantaje de una víbora herida
El alivio de tener a su madre a salvo duró apenas unos segundos. Tras el fuerte empujón, Natalia se incorporó del suelo, sacudiéndose el polvo del yeso de su impecable vestido escarlata. La sorpresa y el miedo que había mostrado al ver entrar a Mateo se disiparon rápidamente, reemplazados por una fría y calculadora expresión de maldad. Con manos temblorosas pero decididas, sacó su teléfono móvil y apuntó a Mateo con una sonrisa triunfal.
—Cometiste el peor error de tu vida, Mateo —siseó Natalia, con una voz cargada de veneno—. Acabas de agredir físicamente a tu esposa. Mi padre es el juez principal de este distrito, y bastará una sola llamada mía para que pases el resto de tus días tras las rejas de una prisión militar por violencia doméstica.
Mateo se interpuso entre ella y su madre, tratando de mantener la calma, aunque la rabia contenida le hacía temblar las manos. Sabía que el suegro de Natalia era un hombre sumamente influyente y corrupto en la provincia, capaz de destruir la carrera de cualquier soldado con solo mover un dedo.

—¿Qué es lo que quieres, Natalia? —preguntó Mateo, con la voz ronca, dándose cuenta de que la mujer a la que amaba era un monstruo.
—Quiero esta casa. Quiero que firmes la transferencia de la propiedad a mi nombre ahora mismo —respondió ella, dando un paso adelante—. Si lo haces, me marcharé y no presentaré cargos. Si te niegas, te hundiré en la cárcel y me aseguraré de que tu querida madre termine sus días en el peor asilo estatal que pueda encontrar.
Carmen, debilitada por el susto, tiró suavemente de la manga del uniforme de su hijo, implorándole con la mirada que cediera. La propiedad era todo lo que Mateo poseía, el fruto de años de sacrificios bajo el sol del desierto, pero la libertad y el bienestar de su madre valían mucho más que cualquier pared de ladrillos. Sin embargo, ceder ante una extorsión de tal magnitud significaba perderlo todo a manos de una traidora.
”Sin embargo, ceder ante una extorsión de tal magnitud significaba perderlo todo a manos de una traidora.