Traición · Ficción breve

Mi esposo reía mientras me azotaban, pero mi hermano soldado regresó por justicia

Mi esposo reía mientras me azotaban, pero mi hermano soldado regresó por justicia — Parte 1
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El regreso del soldado

El gran salón de la Hacienda de los Alvia, con sus imponentes columnas de mármol neoclásicas, se había convertido en un escenario de horror absoluto. Clara, una joven de cabello rubio fresa, yacía en el frío suelo con su vestido blanco de verano cubierto de polvo y desgarrado por la violencia. Cada respiración le costaba un dolor insoportable. Sobre ella, con una mirada cargada de desprecio absoluto, se erguía Doña Mercedes, su suegra, sosteniendo un látigo de cuero grueso.

A pocos metros, Alejandro, el esposo de Clara, observaba la tortura con una sonrisa sádica. Vestido con un impecable traje azul noche, aplaudía con entusiasmo con cada golpe que su madre propinaba a su esposa. Para él, ver a la mujer que había jurado proteger humillada en el suelo no era más que un espectáculo merecido por haber descubierto los oscuros secretos financieros de la familia.

Mi esposo reía mientras me azotaban, pero mi hermano soldado regresó por justicia

¡Ahhhhh!
gritó Clara, un lamento desgarrador que resonó en las bóvedas del salón. Pero la súplica no conmovió a sus verdugos. De repente, un estallido rompió la atmósfera de burla. Las pesadas puertas de madera de la hacienda se abrieron de golpe, y un soldado español en uniforme de camuflaje irrumpió en el salón. Era Mateo, el hermano mayor de Clara, quien acababa de regresar de una peligrosa misión en el extranjero.

Al ver a su hermana herida en el suelo, la expresión de Mateo cambió instantáneamente de la sorpresa a una furia incontenible. Corrió con determinación militar hacia el grupo. Doña Mercedes intentó levantar el látigo contra él, pero el soldado, rápido como el rayo, la tomó con fuerza por la garganta. Sin vacilar, la estrelló contra una columna de mármol blanca, agrietando el yeso con la fuerza del impacto antes de dejarla caer unconscious sobre el suelo.

Sin vacilar, la estrelló contra una columna de mármol blanca, agrietando el yeso con la fuerza del impacto antes de dejarla caer unconsci…