La guardiana que arriesgó su placa para descubrir la traición de su propia familia
El patio de los secretos
El sol de justicia caía sobre el patio de cemento de la prisión de Valdemora, un lugar donde la esperanza se marchitaba antes de nacer. Irene, una funcionaria de prisiones de poco más de treinta años, con la cabeza rapada que acentuaba sus facciones duras y decididas, barría el polvo acumulado cerca del cercado de alambre de espino. Su uniforme azul oscuro contrastaba con la palidez del hormigón. Para el resto de las reclusas, Irene era una máquina sin sentimientos, pero bajo esa fachada se escondía una mujer consumida por la búsqueda de respuestas sobre la sospechosa muerte de su hermano Mateo en ese mismo penal.
De repente, el chirrido metálico de un contenedor de basura interrumpió su tarea. Begoña, una interna robusta y conflictiva de cabello rubio desaliñado, empujó el contenedor directamente hacia Irene. Con un gesto lleno de desprecio, volcó los desperdicios sobre el suelo recién barrido, ensuciando las botas de la funcionaria. Las presas que observaban desde los bancos del patio contuvieron el aliento, esperando la reacción de la autoridad.

¡Déjate de tonterías, zorra!
El grito de Irene resonó en el patio justo antes de que Begoña, cegada por la ira, lanzara un puñetazo directo a su rostro. Pero Irene no era una guardiana común. Esquivó el golpe con un movimiento felino, contraatacó con dos impactos rápidos en el estómago de la reclusa y, con una agilidad sorprendente, ejecutó una patada alta que derribó a Begoña sobre el duro cemento.
Antes de que la interna pudiera reaccionar, Irene la agarró del cabello rubio, obligándola a mirarla a los ojos con pura determinación.
Fuera de mi vista.
Irene la soltó con desdén y se alejó con paso firme, dejando a Begoña derrotada en el suelo ante la mirada atónita de todo el patio. La batalla física había terminado, pero la verdadera guerra psicológica acababa de comenzar.
”La batalla física había terminado, pero la verdadera guerra psicológica acababa de comenzar.