Traición · Ficción breve

Mi propia hermana me tendió una trampa mortal, pero la prisión no pudo destruirme

Mi propia hermana me tendió una trampa mortal, pero la prisión no pudo destruirme — Parte 1
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El patio de los secretos

El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de Cruz del Sur. Paula, con su descuidada melena rubia ceniza y los brazos cubiertos de tatuajes que narraban su antigua vida de libertad, se apoyaba contra la alta valla metálica. El calor del metal quemaba a través de su camiseta deportiva, pero su mente estaba en otra parte, recordando la traición que la había llevado a ese infierno de hormigón.

De repente, el ambiente se tensó. La sombra de Tania, una de las funcionarias más autoritarias y corruptas del centro, se proyectó sobre ella. No venía sola; a su lado caminaba Dolores, una reclusa corpulenta con un largo historial de violencia. Tania se detuvo a escasos centímetros de Paula, con una mirada cargada de desprecio.

Mi propia hermana me tendió una trampa mortal, pero la prisión no pudo destruirme
—Quítatelos. Ahora —ordenó Tania, señalando los guantes de entrenamiento de Paula.

Paula no se inmutó. Sostuvo la mirada de la funcionaria con una calma que pareció enfurecer aún más a la mujer de uniforme. Tania dio un paso al frente, invadiendo su espacio personal, y gritó desafiante:

—Venga, inténtalo.

Antes de que Tania pudiera reaccionar, el instinto de supervivencia de Paula se activó. Con un movimiento rápido y preciso, esquivó el amago de la guardia y lanzó un puñetazo directo a su mandíbula. El impacto fue seco, enviando a Tania directamente al suelo de cemento.

El patio estalló en murmullos. Desde el fondo, una reclusa gritó con desesperación:

—¡Bájale la cabeza! ¡Vamos, Dolores!

Dolores cargó de inmediato, intentando derribar a Paula con su enorme peso. Sin embargo, Paula mantuvo la estabilidad, esquivó el agarre y le propinó un brutal rodillazo en el abdomen. Dolores se dobló por la mitad, cayendo de rodillas con un gemido de dolor profundo, mientras Paula permanecía de pie, completamente serena y sin un solo rasguño.

Dolores se dobló por la mitad, cayendo de rodillas con un gemido de dolor profundo, mientras Paula permanecía de pie, completamente seren…