Venganza · Historia

Humilló mi viejo rifle ante todos sin saber que yo era la campeona olvidada

Humilló mi viejo rifle ante todos sin saber que yo era la campeona olvidada — Parte 1
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El regreso de una leyenda

El sol de la tarde caía con fuerza sobre el campo de tiro de Segovia, donde se celebraba el campeonato nacional de precisión. Las gradas estaban abarrotadas de entusiastas y la tensión flotaba en el aire. Entre la multitud de competidores con equipamiento de última generación, destacaba Marcos, el actual campeón, vistiendo un polo de camuflaje y gafas de tiro personalizadas. Su arrogancia era casi tan visible como sus medallas. En ese momento, una joven de cabello castaño recogido en un moño desenfadado y vestida con una sudadera verde oscuro se abrió paso hacia la línea de tiro. Llevaba consigo una funda de cuero envejecido con remates desgastados.

Marcos, al verla, no pudo evitar soltar una risa burlona. Se acercó a ella con aire de superioridad, buscando la atención de las cámaras que lo seguían a todas partes.

Humilló mi viejo rifle ante todos sin saber que yo era la campeona olvidada
—Esto es un campeonato nacional, no un desguace —siseó Marcos, mirándola con desprecio.

Raquel no se inmutó. Con una calma gélida, colocó la pesada funda sobre la mesa de madera. Marcos continuó con sus provocaciones, ganándose las risas de algunos de sus seguidores.

—Cuidado, esa cosa puede desmontarse antes de que intentes disparar —añadió, mofándose del desgaste del cuero.

Sin pronunciar palabra, Raquel abrió los cierres de bronce de la funda. En su interior descansaba un rifle de madera de nogal meticulosamente pulido, una reliquia clásica que contrastaba con las armas de fibra de carbono de los demás. Marcos la miró incrédulo.

—¿Seguro que quieres competir con eso? —preguntó, con tono condescendiente.

Raquel levantó el rifle, apoyó la culata contra su hombro y miró a través de la mira metálica. Su ojo se enfocó directamente en el centro del blanco a trescientos metros de distancia.

—Solo necesito una bala —respondió con voz firme.

El disparo resonó en todo el recinto. Un instante después, el marcador electrónico se encendió: un impacto perfecto en el centro absoluto. Marcos dio un paso atrás, con el rostro desencajado y la respiración entrecortada.

—No... ¿quién eres tú? —tartamudeó, incapaz de asimilar lo que acababa de ver.

—tartamudeó, incapaz de asimilar lo que acababa de ver.