Secretos de familia · Historia

Inés interrumpió el funeral con un hacha y descubrió que su hermana seguía viva

Inés interrumpió el funeral con un hacha y descubrió que su hermana seguía viva — Parte 1
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El hacha de la desesperación

El olor a cera quemada y flores frescas inundaba la capilla del tanatorio de la Paz. Un silencio sepulcral, solo interrumpido por los sollozos ahogados de Irene, envolvía el ataúd de madera noble donde yacía Lucía. Jonatán, impecable en su traje negro, permanecía al pie del féretro, con una mano apoyada sobre la madera y una expresión de dolor ensayada a la perfección. Nadie en aquella sala sospechaba la terrible verdad, excepto una persona.

De repente, las puertas dobles de la capilla se abrieron de par en par con un estruendo que sobresaltó a los presentes. Inés irrumpió en el recinto. Llevaba puesto su uniforme turquesa y blanco de camarera de pisos, manchado de sudor, y en sus manos temblorosas empuñaba un hacha de incendios que había robado del hotel donde trabajaba. Su mirada estaba fija en el ataúd.

Inés interrumpió el funeral con un hacha y descubrió que su hermana seguía viva
—¡Espera! —gritó Inés con una voz desgarradora que heló la sangre de todos los asistentes.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Inés corrió por el pasillo central y descargó el hacha contra la tapa del féretro. El crujido de la madera resonó como un disparo. Jonatán, con el rostro desencajado por una mezcla de pánico y furia, se abalanzó hacia ella.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Te has vuelto loco?! —bramó, intentando arrebatarle el arma.

—¡No está muerta! ¡La has enterrado viva! —chilló Inés, llorando histéricamente mientras descargaba un segundo golpe que astilló la madera por completo.

Un silencio repentino cayó sobre la sala cuando, desde el interior del ataúd agrietado, se escuchó un golpe seco y desesperado. Pam, pam. Irene, la madre de las jóvenes, se llevó las manos a la boca, perdiendo el equilibrio. Jonatán retrocedió, pálido como un espectro, mientras murmuraba con incredulidad si alguien más había escuchado eso.

Jonatán retrocedió, pálido como un espectro, mientras murmuraba con incredulidad si alguien más había escuchado eso.