Me sentenciaron por un crimen ajeno, pero en prisión encontré mi verdadera fuerza
La ley del patio
El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de la prisión de Cruz del Sur, levantando un polvo blanquecino que se pegaba a la garganta. Entre las sombras proyectadas por la alta torre de vigilancia y las líneas de alambre de espino, Clara intentaba mantener la mente fría. Con el cabello rubio recogido en una coleta tensa y la mirada fija en la tierra, realizaba una serie de flexiones rítmicas. Cada movimiento era una forma de recordar quién era antes de que la traición de su prometido la condenara a ese infierno.
De repente, una sombra masiva eclipsó la luz. Begoña, la reclusa que controlaba el pabellón con puño de hierro, se detuvo frente a ella con un cubo de agua en las manos. Sin mediar palabra, volcó el contenido helado sobre la espalda de Clara. El contraste del agua fría con la piel ardiente por el esfuerzo hizo que Clara se estremeciera, pero no se levantó de inmediato. Controló su respiración, sabiendo que cualquier debilidad sería su fin.

—Te daré tres movimientos de ventaja —dijo Begoña con una sonrisa cruel—. Aguanta los tres y este sitio será tuyo.
La provocación encendió una chispa en el patio. Decenas de reclusas se acercaron formando un círculo humano. Clara se puso en pie con agilidad, sacudiéndose el barro del rostro. Begoña no esperó a que se recuperara; lanzó un directo salvaje hacia su rostro. Con reflejos forjados en años de entrenamiento, Clara esquivó el golpe inclinando el torso y, aprovechando el desequilibrio de su oponente, conectó un gancho preciso en la mandíbula de Begoña.
El impacto resonó en el silencio del patio, desatando la locura colectiva. "¡Dale una paliza!", gritaron las reclusas. Begoña, rugiendo de rabia, se abalanzó sobre Clara atrapándola en un abrazo de oso. Sentiendo la presión en sus costillas, Clara reaccionó con rapidez: apoyó sus manos en los hombros de su rival y le propinó un rodillazo fulminante en el plexo solar. Begoña se dobló de dolor y cayó de rodillas sobre la tierra húmeda, derrotada ante el asombro de todos.
”Begoña se dobló de dolor y cayó de rodillas sobre la tierra húmeda, derrotada ante el asombro de todos.