La funcionaria que se infiltró en prisión para vengar a su hermana
El patio de hormigón
El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de la prisión de alta seguridad de Cruz del Sur, desaturando los colores del cemento y convirtiendo el aire en un vapor denso y asfixiante. Sara arrastraba la escoba con un ritmo monótono, casi hipnótico. Llevaba el uniforme azul marino de funcionaria de prisiones impecablemente limpio, en marcado contraste con su cabeza rapada y decolorada, un rasgo físico que se había convertido en su marca de identidad y en un escudo contra la debilidad. Cada rincón de ese patio respiraba tensión, un polvorín a punto de estallar.
De repente, el chirrido metálico de unas ruedas rompió la monotonía del lugar. Begoña, una de las reclusas más peligrosas del módulo, avanzaba con paso firme empujando un pesado contenedor de basura industrial. Su cabello rubio, recogido en una coleta alta, se balanceaba con cada paso desafiante. Con un movimiento brusco y deliberado, volcó el contenedor justo frente a Sara, esparciendo desperdicios y restos de comida sobre la zona recién limpia. Las internas que observaban desde las gradas contuvieron el aliento.

¡Déjate de tonterías, zorra!
El grito de Sara resonó en las paredes de hormigón. Begoña, lejos de amedrentarse, respondió con una mueca de desprecio y lanzó un puñetazo directo a la mandíbula de la funcionaria. Pero Sara no era una guardia ordinaria; su cuerpo estaba entrenado para el combate más extremo. Con un movimiento fluido, esquivó el golpe, contrarrestó con dos puñetazos rápidos al abdomen de la reclusa y culminó con una patada alta de precisión milimétrica que envió a Begoña directamente al suelo.
Antes de que la interna pudiera reaccionar, Sara se arrodilló sobre ella, la agarró con fuerza del cabello y levantó su rostro ensangrentado para mirarla fijamente a los ojos.
Fuera de mi vista.
La soltó con desprecio, recogió su escoba y se alejó con paso firme, dejando a Begoña derrotada sobre el cemento caliente, mientras las alarmas de seguridad comenzaban a sonar en la distancia.
”Con un movimiento fluido, esquivó el golpe, contrarrestó con dos puñetazos rápidos al abdomen de la reclusa y culminó con una patada alta…