La humillaron en el patio de la prisión sin sospechar quién era ella en realidad
Anteriormente: Sara soportó el infierno del patio de la cárcel bajo las burlas de Begoña, pero tras el polvo y la grava se escondía una verdad que cambiaría el destino de todos.
Un juego peligroso de traición y poder
La agresión en el patio no fue el final, sino el catalizador de un plan que Sara había estado diseñando desde que fue injustamente encarcelada por las maquinaciones de su antiguo socio comercial. Aquella misma noche, mientras la prisión dormía bajo una tensa calma, Sara memorizó los detalles del documento confidencial que su abogado le había entregado en secreto durante el vis a vis de la mañana.
Ese trozo de papel contenía las pruebas definitivas del contrabando de Begoña dentro del penal, pero con un giro demoledor: los nombres de los guardias corruptos que facilitaban el negocio estaban detallados con precisión. Sorprendentemente, el principal financista de esa red ilegal en el exterior era el mismo hombre que había traicionado a Sara para apoderarse de su empresa.

Al día siguiente, en el taller de costura, Begoña intentó someter a Sara una vez más, obligándola a realizar dobles turnos bajo amenaza de violencia física. Sin embargo, la aparente sumisión de Sara era solo una distracción. Aprovechando el cambio de turno de la guardia, Sara logró infiltrarse en la zona administrativa y depositar el informe de contrabando en el despacho del inspector jefe, quien realizaba una auditoría sorpresa en el centro.
Cuando regresó al taller, Begoña y sus cómplices la acorralaron en un rincón oscuro, sospechando de su ausencia. Begoña extrajo una cuchilla de afeitar oculta en la manga de su uniforme.
—¿Pensabas que podías pasear libremente por mi territorio, conejita? —amenazó Begoña, presionando el metal frío contra el cuello de Sara—. De aquí no sales entera.
En ese instante de máxima tensión, las alarmas de emergencia de la prisión comenzaron a sonar de forma ensordecedora, inundando el pasillo con luces rojas de alerta. El pánico se apoderó del taller de costura mientras los pasos pesados de los guardias de asalto se aproximaban con rapidez.
”El pánico se apoderó del taller de costura mientras los pasos pesados de los guardias de asalto se aproximaban con rapidez.