La injusticia de mi condena no apagó mi fuerza para empezar de nuevo
Anteriormente: Tras ser traicionada por quienes más amaba, Sara termina en una prisión de máxima seguridad donde sobrevivir requiere más que fuerza física: requiere un corazón inquebrantable.
La sombra de la traición
La victoria en el patio resultó ser una sentencia implícita. Esa misma noche, cuando las luces del módulo se apagaron por completo, el silencio de la prisión se volvió sepulcral. Sara permanecía alerta en su litera, con los ojos abiertos en la oscuridad, guiada por un mal presentimiento que no la dejaba descansar. Sus sospechas se confirmaron cuando escuchó el siseo metálico de la cerradura de su celda. Alguien con acceso a los controles electrónicos había abierto la puerta.
Tres siluetas se adentraron en el reducido espacio de la celda. Antes de que Sara pudiera reaccionar, unas manos rudas la inmovilizaron contra el colchón. Era Begoña, con el rostro desfigurado por la rabia y el deseo de venganza, acompañada por dos cómplices. Sin embargo, lo más aterrador no fue la presencia de la reclusa, sino la mujer que apareció detrás de ella con un uniforme de funcionaria de prisiones.

Al encenderse la tenue luz de emergencia del pasillo, Sara reconoció el rostro de la supuesta guardia. No trabajaba en la prisión. Era Beatriz, la abogada personal de su hermana Elena, la misma persona que había fabricado las pruebas falsas para incriminarla en el millonario desfalco de la empresa familiar. En su mano derecha sostenía una jeringuilla con una sustancia letal.
Tu hermana no puede permitir que tu apelación llegue a los tribunales, susurró Beatriz con una sonrisa gélida. Una sobredosis resolverá todos nuestros problemas.
Con una fuerza nacida del puro instinto de supervivencia, Sara comenzó a luchar ferozmente. Logró liberar una de sus piernas y pateó el pecho de Begoña, haciéndola retroceder contra la pared. En el caos subsiguiente, la jeringuilla salió despedida por el suelo de cemento. Sara esquivó un nuevo ataque y comenzó a golpear la puerta metálica de la celda con todas sus fuerzas, gritando para alertar a la verdadera guardia nocturna mientras intentaba mantener a raya a sus agresoras en un espacio claustrofóbico.
”Sara esquivó un nuevo ataque y comenzó a golpear la puerta metálica de la celda con todas sus fuerzas, gritando para alertar a la verdade…