Traición · Ficción breve

La noche que mi jefe intentó destruirme y una aliada inesperada me salvó

La noche que mi jefe intentó destruirme y una aliada inesperada me salvó — Parte 1
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Una noche de furia en la oficina

El silencio de la noche se había apoderado de las oficinas de la consultora financiera en el corazón de Madrid. El sol de la tarde se desvanecía tras los imponentes rascacielos, dejando solo una luz crepuscular que se filtraba por los enormes ventanales. Clara, con su cabello rubio recogido de manera informal, repasaba con cansancio las cifras del informe anual en su mesa de cristal. Sabía que algo no cuadraba, pero jamás imaginó la magnitud del secreto que estaba a punto de descubrir.

De repente, la puerta de su despacho se abrió de golpe. Arturo, el director de la firma, entró con paso firme. Vestía su impecable traje de lana gris, pero su rostro reflejaba una tensión inusual. Al ver los documentos abiertos en la pantalla de Clara, la máscara de profesionalismo de Arturo se desmoronó por completo. Aquellas hojas revelaban el desvío millonario de fondos que él mismo había orquestado.

La noche que mi jefe intentó destruirme y una aliada inesperada me salvó
—No debiste meter las narices donde no te incumbe, Clara —siseó Arturo, con una voz cargada de una fría amenaza.

Antes de que Clara pudiera levantarse de su silla o gritar pidiendo ayuda, Arturo se abalanzó sobre ella con una violencia inusitada. La agarró con brutalidad del cabello, ignorando sus súplicas, y con un movimiento rápido y despiadado, estampó su cabeza contra la mesa de cristal templado. El impacto fue seco y ensordecedor; la superficie de vidrio estalló en mil pedazos que salieron proyectados por todo el despacho. Clara cayó al suelo, aturdida y con la frente ensangrentada.

Arturo se preparaba para asestarle otro golpe y silenciarla para siempre cuando, de repente, una figura irrumpió desde el pasillo a toda velocidad. Era Sara, una analista de seguridad que realizaba la ronda nocturna. Al ver la agresión a través del ventanal roto, Sara no dudó. Corriendo con determinación, dio un salto espectacular y conectó una patada voladora directa al pecho de Arturo. El impacto envió al agresor volando hacia atrás, haciéndolo estrellar contra el suelo.

El impacto envió al agresor volando hacia atrás, haciéndolo estrellar contra el suelo.