La reclusa que intentó destruirme en prisión no sabía quién era yo realmente
Anteriormente: Tras ser traicionada y enviada a prisión por un crimen que no cometí, Rosa intentó hacerme la vida imposible en el patio. Pero mi silencio no era debilidad, sino el inicio de mi fría venganza.
La sombra del traidor
La agresión en el patio no fue un simple bautismo de sangre para la nueva reclusa. Esa misma noche, en la penumbra de su celda, Claudia recibió la visita de Carmen, una reclusa veterana encargada de la limpieza en el ala administrativa. Carmen deslizó un papel arrugado bajo la manta de Claudia antes de susurrarle una advertencia que le heló la sangre en las venas. El papel era una copia del registro de visitas del centro penitenciario.
Al deslizar el dedo por los nombres, Claudia descubrió una firma que conocía demasiado bien: la de Alejandro Vargas, el abogado de confianza de su esposo, Mateo. El mismo hombre que la había incriminado falsamente en el desfalco millonario de sus empresas de logística para quedarse con toda su herencia familiar. Vargas había estado visitando a Rosa en secreto durante las últimas tres semanas, realizando depósitos sospechosos en su cuenta del economato.

Todo cobró un sentido siniestro. Rosa no la atacaba por capricho; estaba a sueldo de Mateo para quebrar su espíritu y obligarla a firmar los documentos de renuncia de bienes que aún estaban pendientes. El plan de su marido era perfecto: destruirla tras las rejas para que saliera sin un solo céntimo y con el alma rota.
—Quieren que te rindas, niña —le advirtió Carmen en voz baja—. Si firmas esos papeles, estarás muerta en vida. Si no los firmas, Rosa se encargará de que no salgas de aquí con vida.
Al día siguiente, el enfrentamiento definitivo tuvo lugar en las duchas comunes, un espacio húmedo y solitario donde el vapor difuminaba las siluetas. Rosa apareció de entre la niebla con un trozo de metal afilado en la mano. Sin embargo, Claudia no retrocedió. Con paso firme, se plantó ante su enemiga y pronunció el nombre de Mateo. La expresión de superioridad de Rosa se desvaneció al instante, reemplazada por una sombra de duda que Claudia aprovechó para asestar su primer golpe estratégico.
”La expresión de superioridad de Rosa se desvaneció al instante, reemplazada por una sombra de duda que Claudia aprovechó para asestar su…